lunes, 1 de noviembre de 2010

Un sueño hecho realidad. (31)

- Tengo miedo -dice ella.
- Tenemos que avisar a los bomberos, a la policía y a todos.
- Da igual si no los llamamos, ya estarán avisados. En el aeropuerto hay mucha gente Toni...
- Pues entonces vamos hacia allí, a lo mejor podemos hacer algo -dice dándose media vuelta dispuesto a andar.
Ella le coge de la muñeca.
- No vas a ir -dice secamente.
A pesar de que aparentemente no tiene mucha fuerza, le está apretando con mucha fuerza, cosa que le produce dolor.
- Vamos Nerea, suéltame, no iré, pero suelta.
Nerea tiene la mirada fría, insensible. Lo suelta y se gira dirección al aeropuerto.
- ¿Por qué te pones así ahora? -pregunta inquieto Toni.
No obtiene respuesta.
- Nerea -dice cogiéndola del brazo y haciéndola girar.
Le ha cambiado la cara por completo. Grandes lágrimas negras a causa del rimel ruedan por sus mejillas, dándole un aspecto macabro y peligroso. Una segunda explosión. Ambos dirigen de nuevo la mirada hacia el aeropuerto y descubren que ha desaparecido. No se ve nada, solo una gran nube negra que lo rodea todo.
- Eso tiene muy mala pinta... no lo puede haber provocado un solo avión. El aeropuerto es enorme, no puede ser. Tenemos que ir Nerea, tenemos que pedir ayuda, tu y yo ya hemos visto suficiente.
La coge otra vez del brazo y tira de ella. Como si fuese de piedra, ella no se mueve ni un centímetro.
- ¿Qué haces?
- No vamos a ir a ningún sitio -dice convencida.
- Oye mira, estás rarísima, ¿qué coño te pasa?
Ella lo mira directamente a los ojos. La mirada angelical y cariñosa que le ha mostrado antes no tiene nada que ver con la de ahora.
- Dentro de un par de minutos nosotros también estaremos rodeados por ese humo, es nuestro destino.
- ¿Qué? -dice sorprendido.
No entiende que está diciendo Nerea, es como si no fuese ella. Se escucha el ruido de los motores de un avión en el cielo pero no es el típico ruido normal que se escucha diariamente. Este sonido es muchísimo más fuerte, como si estuviera muy cerca de ellos, demasiado. Los dos alzan la vista al cielo, justo encima de sus cabezas, y ven algo que los deja petrificados. Un avión se dirige a ellos a gran velocidad, cayendo en picado.
- ¡Nerea! ¡Vámonos, corre! -grita él desesperado agitándola para intentar sacarla del extraño estado en el que se encuentra.
Ella, sin sentido alguno en todo lo que está pasando, sonríe.
- ¿Por qué gritas? No hace falta que grites, te escucho perfectamente. No te preocupes Toni -dice acariciándole una mejilla-, estamos juntos.
- ¿¡Qué coño dices!? ¡Vámonos!
- ¡No! -grita ella-. No nos vamos a ningún sitio, ¿es que aún no te has dado cuenta?
El avión cada vez está más cerca de ellos.
- ¿Darme cuenta de qué?

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