miércoles, 17 de noviembre de 2010

Un sueño hecho realidad. (34)

- Hola mamá -dice al ver el nombre de su madre en la pantalla.
- ¿Ya te has levantado?
- Si no estuviese levantado no estaría hablando contigo, digo yo.
- ¿A qué hora te has levantado? -pregunta su madre obviando el repentino mal humor de su hijo.
- A las doce o así.
- ¿Quieres que me acerque un ratito a tu casa?
- Bueno, vale.
- ¡Pues hasta ahora!
Y cuelgan. Él ha estado un poco desanimado y de mal humor porque la llamada era de su madre y no de Nerea, como él esperaba. ¿Por qué no le contesta o lo llama?
No sabe que hacer, está aburrido. Hace un rato que se ha levantado pero ya sabe que hoy será uno de esos días en los que es mejor quedarse durmiendo y no levantarse.
Va de un lado a otro de la casa pensando, tocando los pequeños objetos que tiene por todo el hogar pero sin prestarles la menor atención. En su mente solamente hay una sola cosa o, mejor dicho, una sola persona.
- Joder ya, que no la conozco. ¡Deja de pensar en ella! -se dice a si mismo en voz alta.
En ese momento el timbre de su casa suena. Piensa que lo más seguro es que sea su madre. Va la entradita y abre.
- Hola mamá, pasa.
Su madre le da un beso en la mejilla y entra con una bolsa en la mano.
- Te he traído unas cuantas cosas, por si te hacían falta.
- Ah, vale, muchas gracias -dice con una sonrisa un tanto triste.
Su madre deja la bolsa en la mesa del comedor y se lo queda mirando a los ojos. Él también la mira y observa con total nitidez esos preciosos ojos azules grisaceos que tiene su madre. Piensa en lo puñetera que es la genética, ya que sus ojos son marrones, comunes.
- A ti te pasa algo. ¿Algún problema en el trabajo?
Esa frase le ha pillado desprevenido.
- ¿A mi? A mi no me pasa nada, mamá -dice desviando la mirada-. En el trabajo todo fue bien, ya te lo dije, creo.
- ¿Seguro?
- Seguro.
Su madre no le cree, pero decide dejarlo estar. Va hacia el cuarto de su hijo y observa lo desastrosa que está la cama.
- ¿Y esto?
- Em... -él la mira riendo, esta vez sinceramente.
Ella pone los ojos en blanco y se sube las mangas del jersey que lleva.
- A esta edad y aun no sabes hacer camas... Ya te vale -le medio riñe.
Acto seguido, se pone a hacer la cama.
Su madre está un rato con él. Se ponen a charlar sobre como le fue el día en el trabajo ayer, y así matan el tiempo. Él consigue alegrarse, y olvida casi al cien por cien, durante ese rato, a Nerea.

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