lunes, 6 de diciembre de 2010

Un sueño hecho realidad. (35)

Madre e hijo comen juntos.
- Bueno, me voy ya –dice ella, un rato después de haber acabado de comer, poniéndose el abrigo.
Va andando por el pasillo y se para en la puerta.
- ¡Qué vaya bien el viaje! –dice su madre en tono alegre.
Él sonríe.
- Gracias mamá. Ya te llamaré cuando llegue, no te preocupes.
- Imposible, pero vale. Y que no se te olvide, ¿eh?
- No, no, tranquila.
Él le da un beso en la mejilla y ella otro a él y, acto seguido, desaparece en el interior del ascensor.
Otra vez solo, es decir, otra vez pensando en Nerea.
- Sí, soy idiota –se dice a si mismo, sacudiendo la cabeza como si quisiese quitarse ese pensamiento de la cabeza.
Sigue los mismos pasos de la madrugada del día anterior y se da una ducha rápida y, después, se pone el uniforme. No tiene ganas de estarse en casa sin hacer nada porque lo único que hace es darle vueltas a la cabeza sobre el mismo tema. Piensa que podría ponerse un rato en el ordenador, pero deshecha esa idea rápidamente ya que le da pereza tener que enchufarlo y esperar a que cargue.
Tiene que estar en el aeropuerto a las 17:00h. y son las 14:33h. Le queda una hora y poco más para hacer lo que quiera antes de empezar a trabajar pero está tan aburrido que decide irse ya hacia allí. Coge la maleta -esta vez con dos mudas distintas-, el abrigo, las llaves y el móvil y sale de casa. Cuando sale del portal el aire frío le golpea en la cara con violencia. A pesar de que su coche no está aparcado muy lejos de donde se encuentra él ahora mismo, en el trayecto nariz, orejas y mejillas se le ponen un tanto rojas. Si Nerea lo hubiese visto así fijo que se habría reído, todo y que de manera cariñosa.
Guarda la maleta en el maletero y se quita el abrigo, poniéndolo después en el asiento del copiloto. No se lo quita por calor, sino por comodidad, para conducir mejor.
Arranca el coche y pone la calefacción y la radio.
“Cuanta decepción y todo por nada… Idiota…”
“¿Qué…?” piensa cuando escucha esa frase proveniente de la radio. Enseguida cambia de emisora. Se hace creer a si mismo que es porque no le gusta, pero sabe que realmente la ha cambiado porque así es como se siente: decepcionado. Sí, es un poco ilógico, pero así se siente. “¿Qué puedo esperar de una cría?” piensa para no sentirse tan mal, para no aceptar que esa chica le importa demasiado. Por supuesto, no obtiene resultados beneficiosos.
El coche empieza a deslizarse por la carretera. Primero de forma lenta para salir de la ciudad, luego un poco más rápido cuando la carretera, prácticamente, es para él solo.
“Tonta, muy tonta…”
- ¿Pero qué coño le pasa hoy a la radio? –dice en voz alta de mal humor.
Definitivamente: desde que Nerea no le ha contestado el maldito SMS, se ha puesto de mal humor, de muy mal humor.
- Que le den.
Gira un poco el volante, viene una curva bastante pronunciada. Un pequeño objeto que cuelga del espejo retrovisor va moviéndose con los bandazos que va dando el coche. Es algo pequeño y redondo. Aparentemente no es nada importante pero para él es mucho más que un simple objeto: son recuerdos, son momentos vividos, son anécdotas. Lo mira y muestra una tierna sonrisa. “¿Qué habrá sido de ella?”, piensa mientras observa con más atención el pequeño anillo negro que cuelga de una fina cinta blanca al mismo tiempo que recuerda una amistad que el día anterior ya recordó en el avión, cuando tuvo la pelea con aquella pareja tan maleducada.
“Bien, y ahora una canción que nunca pasa de moda, que todo el mundo escucha y de la cual nadie se cansa…
…He will do one of two things: he will admit to everything or he'll say he's just not the same and you'll begin to wonder why you came. Where did I go wrong? I lost a friend somewhere along in the bitterness. And I would have stayed up with you all night. Had I known how to save a life…”
Se pone a cantar la canción, su canción. Con música, casi todo se soluciona.
Ya ha llegado al aeropuerto. Aparca el coche y observa el cielo. Está muy nublado, a pesar de que cuando se ha despertado por la mañana había un sol perfecto. Odia esos cambios del tiempo tan bruscos. Y sí, otro motivo más para estar de malhumor. Mientras está observando el cielo un sonido repetitivo empieza a sonar, todos los cristales del coche se empiezan a poner borrosos por culpa de pequeñas gotitas cristalinas y el cielo muestra su estado de ánimo con un gran estruendo que resuena en toda la ciudad.
- Por fin una buena noticia. ¡Turbulencias! –dice con un repentino buen humor.
Coge el abrigo del asiento delantero, se lo pone y, después de unos segundos escuchando el constante sonido de las gotas de lluvia al caer contra la superficie del coche, sale rápidamente para no mojarse. Va al maletero, lo abre, coge la maleta, lo cierra, echa la llave con el mando a distancia y corre a refugiarse de la lluvia, que cada vez cae con más fuerza.

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