
- Joder… -dice Toni observando el avión desde el barco.
Carlota se pone a su lado y se pega a él con fuerza, cogiéndole del brazo y tiritando de frío, como Toni.
- En mi vida he pasado tanto miedo, te juro que estaba segura de que moriría.
- Bueno, estamos vivos –dice Toni con una pizca de esperanza.
- Sí…
- ¿Qué debe haber pasado…? Uno de los motores ha petado fijo –dice Carlota.
- A saber.
Un hombre del barco se acerca a ellos y les pregunta cómo están y ofrecerles su ayuda. Ellos responden que están bien, pero que igualmente gracias. Iris ya se ha reunido con su madre, angustiada por los minutos que ha pasado separada de su hija. Con la pequeña en sus brazos se acerca a Toni y Carlota.
- Muchísimas gracias por todo –les dice.
- No nos las dé, no hace falta –dice Carlota.
Toni se limita a sonreír.
- ¿Y mi regalo? –pregunta la niña.
Toni mira a Carlota pidiéndole ayuda con la mirada puesto que no tiene nada que ofrecerle a la niña.
- Ahora voy a buscarlo –responde para salir del apuro viendo que Carlota tampoco sabe que decir-. ¿Vienes Carlota?
- Sí claro.
Los dos se despiden de madre e hija y se van sin saber muy bien a donde. Entran en el interior del barco para que la niña no los vea y piense que realmente han ido a por su regalo.
- ¿Y ahora qué le doy? –pregunta Toni.
- Yo que sé, es que tú también…
- ¿Qué querías que hiciese?
Carlota se encoge de hombros. Por allí pasa un médico que ha subido a bordo rápidamente con la ayuda de una barca. El avión no se ha estrellado muy lejos de la costa, por lo tanto han podido llegar médicos y otras personas para ayudar con rapidez.
- ¿Vosotros estáis bien? –les pregunta el médico ajetreado cuando pasa por su lado.
- Sí –contestan al unísono.
El médico se marcha a ayudar a otra gente. A Toni se le enciende una bombilla en la cabeza y corre tras él.
- ¡Perdona, perdona! –grita Toni tras él.
El médico se gira sin saber muy bien a qué se deben esos gritos.
- Sí, dime, ¿te pasa algo?
- No, no, pero, por casualidad no tendrás una piruleta o algo así para los niños ¿no? Es para una niña que iba en el avión.
- Ah, sí, sí, claro, toma.
El médico saca de su maletín una pequeña piruleta y se la da a Toni.
- ¡Muchísimas gracias! –le dice mientras vuelve con Carlota.
- Mira lo que he encontrado –dice Carlota al verlo.
Es una pequeña concha blanca, como la nieve limpia, con unas cuantas rayas en la parte de afuera y un pequeñísimo agujero en uno de los extremos.
- Podrías dárselo –le dice.
- Muchas gracias, le daré eso y esta piruleta. Total, para ella seguro que es todo un tesoro.
- Seguro –dice Carlota riendo.
Los dos vuelven con Iris y le dan los dos pequeños objetos.- Esto –dice Toni dándole la piruleta- me lo ha dado el capitán del barco, un señor muy importante que sabe hacer magia.
La niña abre los ojos y la boca, sorprendida.
- Y esto –dice Carlota mostrando la concha- me lo ha dado personalmente una sirena muy guapa que me ha dicho que eres muy valiente. Esta concha da mucha suerte, ¡guárdala bien!
La niña se queda maravillada con las piadosas mentiras que le acaban de contar. Después de dar otra vez las gracias, la madre de Iris y ella se van. Nunca más volverán a ver a Toni y a Carlota.
- Tengo que llamar a mi madre sea como sea –dice Toni.
- Y yo… -responde Carlota.
El barco ha llegado al puerto de Palma de Mallorca hace un rato. Todos los pasajeros del avión bajan y Toni y Carlota van en busca de un teléfono.
No hay comentarios:
Publicar un comentario