viernes, 31 de diciembre de 2010

Un sueño hecho realidad. (54)

“Estamos sobrevolando un área de turbulencias por lo que lamentamos tener que interrumpir el servicio, el cual reanudaremos tan pronto como nos sea posible. Por favor, comprueben que sus cinturones de seguridad estén abrochados y permanezcan en sus asientos hasta que se apague la señal luminosa, gracias.”
Toni mira a Marta y sonríe: le encantan las turbulencias. Los pasajeros hacen caso rápidamente y se abrochan los cinturones. Es curioso, el poder del miedo a que pueda pasar algo siempre es más fuerte que cualquier otro. Tanto pasajeros como trabajadores permanecen sentados sin moverse ni un pelo durante el minuto y medio que duran las turbulencias. El avión va dando pequeños botes, a excepción de algún otro más grande, que hace botar a todo cuanto está allí dentro. Algún que otro pasajero que quiere llamar la atención pega un grito, pero cuando las turbulencias acaban todo vuelve a la normalidad.
- ¡Esto es genial! –exclama Toni.
Marta ríe.
- ¿Tanto te gustan? ¿Incluso después del accidente?
- Incluso después. Desde que soy pequeño las adoro.
- Ay que ver –dice ella.
La señal luminosa se apaga.
- Ahora mismo deben de quedar unos quince minutos o así –dice Marta.
- Que pena, me habría gustado trabajar más rato contigo.
- ¿Quién sabe? Si hemos coincidido una vez ¿quién te dice a ti que no podemos volver a coincidir?
- Tienes razón –dice Toni sonriendo.
Unos minutos después la señal se vuelve a encender, esta vez para no volver a apagarse hasta que el avión haya aterrizado.
Al aterrizar todos notan como el avión se inclina y desciende, pero no hay ningún tipo de problema. Cuando ya están en tierra y llega el momento de bajar del avión los pasajeros salen sin prisa pero sin pausa, la mayoría comentando la aventura de las turbulencias. Luego, cuando todos los azafatos han revisado todo otra vez, descienden ellos también.
- Bueno –dice Marta en el interior del aeropuerto-. Un placer trabajar contigo, señor Mayor.
Toni ríe.
- Igualmente Marta. Sinceramente, me ha encantado trabajar contigo.
Marta sonríe.
- Lo mismo digo, ya lo sabes. A ver si algún día voy yo a Mallorca o te vienes tú a mi ciudad y nos vemos y charlamos sobre más cosas, ¿no?
- Cuando quieras.
- Pues nada, nos vemos pronto.
- ¡Eso espero! –responde Toni.
Se dan dos besos en las mejillas y Marta se marcha, desapareciendo así entre la gente. Toni saca su móvil y llama a su madre para decirle que todo está bien. Piensa que debería llamar también a Nerea pero al final no lo hace por falta de ganas, ya que últimamente Nerea está cada vez más rara con él.
Coge su maleta y se pierde él también entre la gente.

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