Se levanta sobresaltado: de nuevo, una pesadilla. Esta vez él iba como pasajero en un avión rumbo a un lugar desconocido. De repente el avión empezaba a descender rápidamente hasta el momento del choque. Como es típico de los sueños, no sentía nada de dolor, pero una gran sensación de pánico le invadía.
Faltaban apenas 5 minutos para que le sonase el despertador, así que tampoco se enfada mucho. Se levanta de la cama y observa por la ventana. Hace un sol magnífico, todo y que las temperaturas han bajado más que el día anterior.
- Hoy todo tiene que salir bien –se dice a si mismo.
Se cambia, se asea y recoge todas las cosas. Luego, recordando lo que hizo en Valencia, baja a recepción, entrega las llaves y espera al autobús que lo llevará al aeropuerto. Todo es más aburrido y monótono sin Nerea.
“Nerea… bonito nombre”, piensa. “Toni y Nerea, en catalán y mallorquín Toni i Nerea. Si cojo mi nombre, Toni, quito la O y le cambio el orden a las letras… TIN, Toni i Nerea”. Sonríe tontamente al darse cuenta de la chorrada que acaba de pensar.
Se siente extraño, muy extraño. Lo que le está pasando… no, no es normal, al menos para él. Él siempre está feliz –o casi siempre-. No suele comerse mucho la cabeza, suele pasar de las cosas; no se permite darles más importancia de la necesaria. Pero esta vez está haciendo todo lo contario. No deja de pensar en ella, de crear situaciones imaginarias, de recordar los poquitos momentos que ha vivido junto a ella, de soñarla por las noches. Se enfada si no la ve o no habla con ella, se siente solo si no la tiene a su lado. Ella, Nerea, ha conseguido volverle loco, loco de amor. Pero, por supuesto, él jamás lo confesaría, al menos a gritos.
Sube al autobús, que ya ha llegado.
- Hombre –dice una voz femenina tras él.
Toni alza la vista y se encuentra con el rostro de Carlota frente a él.
- ¿Carlota? ¿Qué haces aquí? –pregunta sorprendido.
- Pues eso digo yo, ¿qué haces aquí?
- No sé, soy azafato y voy a trabajar, quizá por eso esté aquí, ¿no?
- Pues lo mismo te digo –dice Carlota ásperamente. Al parecer, le ha molestado que a él no le haya gustado verla.
Toni sigue a lo suyo, juguetear con el móvil. Después de un par de minutos, carlota vuelve a intentarlo.
- ¿Has visto lo del avión de Italia? –pregunta. Acto seguido le hace otra pregunta-. ¿Puedo? –dice señalando el asiento vacío que está al lado del de Toni.
- Sí.
- ¿Sí qué? ¿Qué sí puedo sentarme, que sí has visto lo del avión o sí las dos cosas?
- Sí, sí, sí –dice riendo él sin levantar la vista.
Ella le coge el móvil, una estrategia para que la mire.
- Eh –dice él mirándola.
Ella sonríe, ha funcionado.
- Haz el favor –le dice a Toni.
- Sí, he visto lo del avión. Sí, puedes sentarte. Sí, dame mi móvil.
Carlota se sienta a su lado y justo cuando le va a dar el móvil suena una alerta de un nuevo SMS.
- La novia, ¿eh? –dice Carlota leyendo el nombre del remitente-. Nerea. ¡Bonito nombre!
Toni se pone en alerta al escuchar ese nombre.
- Trae –dice arrebatándole el móvil de las manos.
Abre el mensaje y lo lee en silencio.
“He visto lo del accidente pero vamos, tú estás bien porque estuvimos hablando… De todas formas contesta, porfa. Un beso, tq.”
Le contesta rápidamente, ya que no quiere que Carlota cotillee mucho. “Sí, stoy bn, ya t llamare”
- Tranquilo, no voy a mirar nada –le dice ella.
- No, si ya está.
Ambos se quedan callados. El autobús ha arrancado.
Faltaban apenas 5 minutos para que le sonase el despertador, así que tampoco se enfada mucho. Se levanta de la cama y observa por la ventana. Hace un sol magnífico, todo y que las temperaturas han bajado más que el día anterior.
- Hoy todo tiene que salir bien –se dice a si mismo.
Se cambia, se asea y recoge todas las cosas. Luego, recordando lo que hizo en Valencia, baja a recepción, entrega las llaves y espera al autobús que lo llevará al aeropuerto. Todo es más aburrido y monótono sin Nerea.
“Nerea… bonito nombre”, piensa. “Toni y Nerea, en catalán y mallorquín Toni i Nerea. Si cojo mi nombre, Toni, quito la O y le cambio el orden a las letras… TIN, Toni i Nerea”. Sonríe tontamente al darse cuenta de la chorrada que acaba de pensar.
Se siente extraño, muy extraño. Lo que le está pasando… no, no es normal, al menos para él. Él siempre está feliz –o casi siempre-. No suele comerse mucho la cabeza, suele pasar de las cosas; no se permite darles más importancia de la necesaria. Pero esta vez está haciendo todo lo contario. No deja de pensar en ella, de crear situaciones imaginarias, de recordar los poquitos momentos que ha vivido junto a ella, de soñarla por las noches. Se enfada si no la ve o no habla con ella, se siente solo si no la tiene a su lado. Ella, Nerea, ha conseguido volverle loco, loco de amor. Pero, por supuesto, él jamás lo confesaría, al menos a gritos.
Sube al autobús, que ya ha llegado.
- Hombre –dice una voz femenina tras él.
Toni alza la vista y se encuentra con el rostro de Carlota frente a él.
- ¿Carlota? ¿Qué haces aquí? –pregunta sorprendido.
- Pues eso digo yo, ¿qué haces aquí?
- No sé, soy azafato y voy a trabajar, quizá por eso esté aquí, ¿no?
- Pues lo mismo te digo –dice Carlota ásperamente. Al parecer, le ha molestado que a él no le haya gustado verla.
Toni sigue a lo suyo, juguetear con el móvil. Después de un par de minutos, carlota vuelve a intentarlo.
- ¿Has visto lo del avión de Italia? –pregunta. Acto seguido le hace otra pregunta-. ¿Puedo? –dice señalando el asiento vacío que está al lado del de Toni.
- Sí.
- ¿Sí qué? ¿Qué sí puedo sentarme, que sí has visto lo del avión o sí las dos cosas?
- Sí, sí, sí –dice riendo él sin levantar la vista.
Ella le coge el móvil, una estrategia para que la mire.
- Eh –dice él mirándola.
Ella sonríe, ha funcionado.
- Haz el favor –le dice a Toni.
- Sí, he visto lo del avión. Sí, puedes sentarte. Sí, dame mi móvil.
Carlota se sienta a su lado y justo cuando le va a dar el móvil suena una alerta de un nuevo SMS.
- La novia, ¿eh? –dice Carlota leyendo el nombre del remitente-. Nerea. ¡Bonito nombre!
Toni se pone en alerta al escuchar ese nombre.
- Trae –dice arrebatándole el móvil de las manos.
Abre el mensaje y lo lee en silencio.
“He visto lo del accidente pero vamos, tú estás bien porque estuvimos hablando… De todas formas contesta, porfa. Un beso, tq.”
Le contesta rápidamente, ya que no quiere que Carlota cotillee mucho. “Sí, stoy bn, ya t llamare”
- Tranquilo, no voy a mirar nada –le dice ella.
- No, si ya está.
Ambos se quedan callados. El autobús ha arrancado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario