- Hola –dice con una gran sonrisa.
Se quedan unos segundos callados: él sorprendido, ella feliz.
- Cuando he leído el SMS y he visto que venías a Madrid he decidido darte una sorpresa.
Toni está atónito.
- Pero, ¿qué haces en Madrid? Quiero decir, ¿no eres de Valencia?
- Sí, ¿y qué? Tú eres de Mallorca y aquí estás, ¿no?
- Sí, bueno, pero…
- Pero nada –dice ella soltando una risotada-. No, enserio. Es que resulta que anoche cuando mis padres vinieron me dijeron que se irían a Madrid por no sé qué cosa y me dijeron que si me quería ir con ellos. En principio les iba a decir que no pero mira, sin saber por qué les dije que sí.
- Madre mía… Esto parece cosa del destino, ¿no?
- Algo así –dice ella mostrando una gran sonrisa.
Él le cuenta el nuevo capítulo que ha tenido con el hombre maleducado y ella se queda anonadada. Dice que ojalá no le pase eso a ella, no sabría como reaccionar.
- ¿Te quedas mucho tiempo en Madrid?
La mirada de él se entristece.
- Pues no mucho, la verdad.
La de ella también.
- Jo…
- ¿Y tú? –pregunta Toni por decir algo.
- Yo estoy un par de días, tres como mucho.
- A lo mejor podemos volver a vernos cuando yo vuelva a Madrid, creo que tengo que volver a venir aquí.
Ella sonríe.
- Sí.
Se quedan un rato en silencio, mirándose. Ella desvía la mirada, sonrojándose levemente. Él pone sus dos manos sobre la mano derecha de ella.
- O te lo digo o reviento –empieza de nuevo ella.
Él la mira dudoso, preguntándose que será eso que le tiene que decir.
- Yo… Yo sé que apenas nos conocemos. Ayer nos vimos por primera vez, sí, pero… no sé, siento que te conozco hace mucho. Desde que nos despedimos ayer tarde-noche en el hotel no he dejado de pensar en ti… No sé qué me has hecho pero no sabes las ganas que tenía de volver a verte, de escuchar tu voz teniéndote delante de mí, de… abrazarte.
Nerea desvía la mirada, Toni no dice nada.
- Qué vergüenza… -dice ella tapándose la cara con ambas manos.
- No te tapes la cara, anda –le dice él quitándole las dos manos con delicadeza-. ¿Sabes? En mi pesadilla me decías que me querías.
Ella lo mira enfadada.
- ¿Eso es malo?
- Ah no sé, has dicho pesadilla.
Él ríe.
- Justamente esa parte no era pesadilla. Ven.
Le indica con la mano que se siente sobre él. Ella niega con la cabeza.
- No muerdo, ¿eh? Va, ven, sé que te mueres de ganas.
Ella sonríe y, cediendo, se sienta sobre él. Toni le pasa los brazos por la cintura, en un abrazo, y la mira.
- Yo para esto mal. No soy mucho de sacar mis sentimientos. Solo te diré que me siento igual.
- Has dicho suficiente –dice ella con una sonrisa.
Ambos van acercando sus caras hasta que sus labios quedan unidos en un dulce y cálido beso.
- Eres especial –le dice él a ella.
- Tú también lo eres.
A Toni le da por mirar la hora.
- ¡Mierda! Se me hace tarde, ¡muy tarde!
Nerea se levanta rápidamente, Nerea también.
- Por mi culpa –dice ella-. Anda tira, ya nos veremos.
Él la vuelve a coger por la cintura y le da un corto pero apasionado beso. Luego se da media vuelta y se va.
- ¡Eh! –grita ella llamando la atención de unas cuantas personas y corriendo tras Toni.
- Dime.
- Puede que parezca precipitado, arriesgado, ilógico, falso…
- Al grano.
- Te quiero –dice Nerea dándole un abrazo.
Luego, guiñándole un ojo, se da media vuelta y se va. Toni se queda unos segundos parado. Después sonríe y se marcha a paso acelerado, casi corriendo.

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