- Por favor, abróchese el cinturón que en breve aterrizaremos –le dice Toni a un pasajero despistado.
- Ah, sí, sí, perdón.
Clic, clic. Los pasajeros se van abrochando los cinturones deseosos de volver a desabrocharlos cuanto antes mejor. Una niña de unos cinco seis años, rubia y con unos grandes ojos marrones brillantes tiene algún que otro problema al abrocharse el cinturón.
- Mami, no puedo.
Toni la escucha y la ayuda.
- Deje, ya lo hago yo –le dice a la madre.
La niña se queda embobada mirando los movimientos para abrochar el cinturón que hace Toni.
- ¡Yo de grande seré como tú! –dice cuando acaba.
Toni sonríe.
- ¿Sí? Pues has elegido muy bien.
La niña le sonríe. El pelo ondulado que le cae por ambos lados de la cara le hace tener un rostro angelical.
- Gracias –dice su madre.
Toni le sonríe y se va hacia su asiento, que está junto al de Carlota.
- Bueno… Tú te vas ya a casa, a mi me toca ir a Valencia aún.
- Acabarás rápido –la ánima Toni.
- Supongo.
Se abrochan los cinturones y esperan el momento de aterrizar. Normalmente, después de unos diez minutos de haber dado la señal para que todos se abrochen los cinturones el avión desciende, pero esta vez algo ocurre.
- ¿No tendríamos que haber aterrizado ya? –pregunta nerviosa Carlota.
- Estarán esperando a algo –dice Toni para tranquilizarla.
De repente, un sonido muy fuerte, una especie de explosión.
- Dios, ¿qué ha sido eso? –pregunta Toni asustado.
- reza para que no haya sido un motor –le die Carlota igual de asustada.
La gente se asusta rápidamente. Un gran murmullo se levanta y el pánico crece a gran velocidad.
- Voy a ver qué pasa, intenta tranquilizar a la gente con los demás –dice Toni.
Toni va hacia el cocktip. Cuando entra ve que hay otro azafato.
- ¿Qué ha pasado?
- Uno de los motores no respondía y luego ha petado. No podemos aterrizar, es peligroso –dice el piloto.
- Ah, entonces la mejor solución es quedarse en el aire con un montón de pasajeros asustados y un motor menos, ¿no? ¡Muy inteligente! –dice el otro azafato, Esteban.
- La gente cada vez está peor –dice Toni.
- ¡Joder! Yo no tengo la culpa, tranquilidad –dice el piloto agobiado.
De repente, una segunda explosión y una sacudida bastante fuerte.
- ¡Vamos a caer, me cago en la puta! ¡Haced algo! –grita Esteban.
Los gritos y los nervios de la gente son cada vez mayores. Toni sale a ayudar a sus compañeros a poner orden.
- Por favor, siéntense y pónganse los chalecos salvavidas.
- Tranquilícense, por favor.
- Calma, calma.
Los azafatos no dan abasto. Toni pasa por al lado de la niña rubia, está llorando. Su madre la tiene medio abrazada intenta tranquilizarla, pero viendo su estado, es evidente que no lo consigue.
- No llores, que no pasa nada. Esto es como un juego, como las películas. Es todo de mentira –le dice Toni para tranquilizarla.
- No me gusta, me da miedo.
- ¿No? Bueno, ya mismo acaba, es que la partida tiene que acabar… Mira, si dejas de llorar y me enseñas una sonrisita te daré un regalo.
La niña se sorbe los mocos y enseña una media sonrisa.
- ¿De verdad?
- ¡Claro que sí! Venga, ya mismo acaba.
Luego, sin que la niña se dé cuenta, le dice algo a su madre.
- No se preocupe, no vamos a morir.
- Eso es precisamente lo que estoy pensando todo el rato.
- Siga los pasos que les decimos, no pasará nada –la tranquiliza.
- Bueno… lo intentaré. Gracias, eres muy amable –le dice con una sonrisa asustada.
Se aleja de madre e hija y va a poner más orden.
- Esteban me ha dicho que caeremos al mar. Joder, tengo miedo –dice Carlota.
- ¿Al mar? ¿Tan grave es? ¿Por qué no aterrizan ya de una puta vez? –dice Toni con los nervios a flor de piel.
Y, sin que nadie lo espere, el avión empieza a descender dispuesto a aterrizar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario