Hace pocos minutos que ha salido de la sala donde se han decidido las pautas que van a seguir en el vuelo con destino a Madrid. Le ha tocado de nuevo hacer las instrucciones de seguridad y su posición está más bien tirando al final del avión. No le importa en absoluto, al contrario, está encantado.
Cuando acaban de hacer la rutinaria comprobación de que todo esté en orden, los pasajeros empiezan a subir. Cuál es su sorpresa cuando, mientras está ayudando a un pasajero con el equipaje de mano, ve el rostro del hombre con el que se discutió ayer. El hombre pone la misma cara de sorpresa, sin terminarse de creer aun lo que sus ojos están viendo.
- No puede ser… ¿Otra vez este niñato? –dice el hombre poniendo cara de asco.
Toni hace como que no lo escucha y se va de aquella zona, intentando controlarse. Mucho se teme que, como vuelva a provocarlo, esta vez no será tan comprensivo como la anterior.
- Perdona, ¿te acaba de llamar niñato? –pregunta una azafata compañera con asombro, la cual tiene por nombre Carlota.
- Sí, es un imbécil –contesta echándole una mirada asesina al hombre.
- Pero, ¿os conocéis?
- Más o menos. En el vuelo de vuelta que tuve ayer, resulta que este… “señor” y su mujer, otra imbécil, empezaron a liarla. Insultaron a una compañera y me metí por medio. Les dejé en ridículo y creo que, ahora que ha dado la casualidad que nos hemos vuelto a encontrar, por desgracia –recalca esto último con un tono de voz más pausado-, se va a vengar o algo.
Carlota pone unos ojos como platos.
- Si necesitas ayuda en algo, avísame.
- Gracias, pero creo que me las apaño solo.
- Vale, como quieras, estaré por aquí –dice con una pequeña carcajada.
Él también ríe, ha tenido su gracia. ¿Dónde iba a estar sino? No tiene mucho donde elegir, dentro del avión. Le ha parecido maja.
Todos los pasajeros están en sus asientos y con los cinturones abrochados. Los azafatos ya han explicado las normas de seguridad y van a sus sitios.
El avión empieza a moverse. Por las ventanas se ve la lluvia correr como un gran manto de agua, es increíble. Es como si alguien estuviese echando miles de cubos de agua por encima del avión.
- Me encanta… -dice Toni.
- ¿Eh? –dice el compañero que tiene a su lado, David.
- Esto –dice refiriéndose a todo el avión.
- Ah -contesta el otro, dándole la menor importancia.
Ha sido una conversación tonta, muy tonta. A Toni le ha molestado que David no le de la importancia que él le da. Si no le gusta, ¿para qué se pone a trabajar en esto? Vaya chorrada y vaya idiota.
El avión empieza a alzarse. El vaivén de los cuerpos de todas las personas que están dentro del avión cesa cuando las ruedas dejan de tocar la pista. Después de unos segundos, el comandante da la señal de que se pueden quitar los cinturones. Toni se quita el suyo rápidamente y se aparta de David. No han hablado apenas nada, pero ya le cae mal.
Nerea. Otra vez le ha llegado ese nombre y la imagen de su rostro a la mente. Su malhumor empeora.
Va hacia la gallery a preparar un carrito. Allí, se encuentra con Carlota.
- ¡Hola! –saluda ella alegremente-. Increíble el despegue de hoy, ¿no crees? –pregunta mientras coloca unas botellas de agua en la parte superior del carrito.
A Toni le gusta la idea de que por lo menos una persona se haya dado cuenta y haya sentido lo mismo que él. Sonríe.
- Espectacular –responde.
- El hombre ese, ¿te ha dicho algo más?
- Que va, de momento no.
- De momento… -repite ella riendo.
- Si te dice algo me avisas, ¿eh? Que ya le tengo ganas, ya…
- ¡Ja, ja, ja, ja! Vale, vale –dice riendo.
Ambos salen de la gallery y se ponen a atender a los pasajeros. La actitud vengativa del hombre no se hace esperar mucho tiempo.
- Que pena que no te hayas estrellado con el coche cuando ibas a tu casa… -dice en voz baja cuando Toni pasa por su lado.
Éste, que ya no puede controlarse más, explota.
- Mira imbécil, una humillación más y sales del avión con los pies hacia arriba. ¿Te has enterado?
El hombre sonríe, ya tiene lo que quería.
- Perfecto, gracias. Ya me has dado la excusa perfecta para que te echen de este puto trabajo y no vuelvas a trabajar en tu vida –dice con una sonrisa mientras le enseña un teléfono móvil con el que acaba de grabar la amenaza de Toni.
- Dame eso –dice furioso.
- No. Te jodes, niñato.
- Mira foca humana, a mi no me vuelvas a insultar en tu puta vida, ¿te queda clarito? Y ya me puedes estar dando eso si no quieres pasarlo realmente mal.
- Uy, uy, uy, que el niñito me está amenazando –dice riendo para provocar.
Toni coge con fuerza el cuello de la camiseta que lleva el hombro y lo obliga a levantarse. Sus caras quedan a escasos centímetros de distancia.
- ¿Qué? ¿Qué me vas a hacer, eh? –grita el hombre.
- Pues para empezar partirte la cara, subnormal.
Toni está a punto de pegarle un buen golpe en la cara cuando David aparece y lo coge, separándolos así entre ambos.
- Quita coño –dice Toni.
- Contrólate que estás en tu puesto de trabajo –le dice David.
- No, no, déjalo. Deja que la nenaza me pegue, a ver cuánto daño me hace.
Toni está furioso.
- Eres un gilipollas –le dice con odio.
Carlota, que ha presenciado la escena desde el principio, decide entrar en la disputa.
- Perdone señor –dice dirigiéndose al hombre.
- ¿Qué quieres? –dice el hombre con repugnancia.
- Con todo mi respeto, ¿podría borrar la grabación? Creo que sería lo mejor para todos.
El hombre hace ademán de contestarle, pero ella se adelanta.
- Espere, déjeme acabar. Como bien sabe, los aparatos electrónicos están prohibidos dentro del avión. Yo creo que usted no quiere ningún tipo de problemas con la policía que nos espera en el aeropuerto de Madrid, ¿no?
El hombre se queda callado, Carlota tiene la sartén por el mango.
- Mire, hagamos una cosa: usted borra eso y nosotros no decimos nada de su comportamiento.
- ¡Pero…! –empieza a quejarse Toni.
Carlota le lanza una mirada asesina y le hace un gesto para que se calle.
- Bueno, ¿qué le parece el trato?
El hombre duda un momento pero Carlota le ha asustado con lo de la policía, así que acepta.
- Está bien. Mira, ya lo estoy borrando.
Carlota es testigo de ello, el hombre ha borrado la grabación. Ella le muestra la mejor de sus sonrisas y le da las gracias.
- Si desea algo dígamelo a mí, yo misma le atenderé –se ofrece Carlota.
- Gracias señorita. Menos mal que aún queda gente decente en este mundo…
Carlota vuelve a sonreír y con una educada disculpa se marcha. Toni se zafa de los brazos de David, ya que aún lo tenía sujeto, y se marcha tras Carlota.
- Eh –dice poniéndole una mano en el hombro cuando están solos.
- No me des las gracias. Ya te vale… -le dice ella.
- Gracias, muchas gracias, de verdad. Pero no es justo, y lo sabes. ¿Has visto cómo me ha tratado?
Ella se cruza de brazos y lo mira directamente a los ojos.
- Sí, sí lo he visto. Ese hombre es un gilipollas al cuadrado y tú un idiota.
Toni pone unos ojos como platos.
- ¿Perdón?
- ¿Cómo se te ocurre entrar al trapo? ¿No ves que solo quería provocar? Si no llego a conseguir que borre eso estarías jodido, muy jodido. Piénsate bien las cosas antes de hacerlas, por favor. Y ahora, a ser posible, evita pasar por su lado.
- Sí, sí, tranquila…
A pesar de la dureza de sus palabras, sabe que tiene razón.
- Ah, oye –dice él antes de que ella se vaya.
- ¿Qué?
- ¿Por qué le has dicho lo de la policía? No le habría pasado nada, tú lo sabes…
- Sí, ya lo sé, pero da la casualidad de que él no. Me he arriesgado, si lo hubiese sabido yo también me habría llevado un marrón del copón. Pero bueno tampoco era tan difícil, este tipo de gente no es que esté muy documentada sobre las cosas… En fin, a trabajar.
Y se marcha.
Durante todo lo que queda de vuelo Toni no vuelve a intercambiar palabra alguna ni con Carlota ni con el “hombre-maleducado-a-más-no-poder”.

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