Acaban de llegar a Madrid. Ya no llueve, pero el cielo sigue estando igual de encapotado que antes cuando estaba en Mallorca. El aterrizaje ha estado complementado con bastantes turbulencias, como era de esperar, pero no ha sido nada importante.
- Nos vemos –le dice Carlota haciendo un gesto con la cabeza mientras desaparece del avión.
Quién sabe, a lo mejor algún día se la vuelva a encontrar.
Su próximo vuelo, con destino a París, está al caer, así que decide comer algo en el aeropuerto. Va hacia uno de los establecimientos de comida y se compra una coca-cola y una bolsa de patatas. Cuando se sienta en una de las mesas coge su móvil y llama a su madre. Le cuenta un poco por encima lo sucedido y le dice que cuando esté en París la llamará. Cuando cuelga, sin saber cómo, unas manos le quitan la capacidad de ver por unos segundos. Toni coloca sus manos sobre las manos que le acaban de tapar los ojos. Son pequeñas, delicadas, y están un poco frías. En una de las muñecas lleva un par de pulseras.
- Vale, sé que eres una chica, pero no tengo ni puñetera idea de qué chica.
La chica de las manos pequeñas y delicadas aparta sus manos de los ojos de Toni. Al principio ve un poco borroso pero poco a poco va recuperando su visión normal. La chica está sentada frente a él con una sonrisa de oreja a oreja. Él se queda sin palabras.

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