viernes, 31 de diciembre de 2010

Un sueño hecho realidad. (56)

- Vale, Toni Mayor ocupará la parte trasera con Carlota Manresa.
Cuando Toni escucha el nombre de Carlota se acuerda del accidente, pero aparta este pensamiento rápidamente.
-… ¡qué sí pesada! Ya te llamaré. ¡Oooootra vez! ¡Qué síííííí! ¡Adiós! –una voz de chica se escucha desde afuera de la sala.
Luego, dos suaves toques en la puerta. Ésta se abre.
- Perdonad que llegue tarde, el avión con el que venía iba con retraso… -dice una cara muy conocida para Toni.
- ¿Carlota Manresa? –le pregunta un azafato.
- La misma.
Carlota se sienta en una silla y ni se da cuenta de la presencia de Toni. Sí, es la misma Carlota con la que estuvo hablando tantas veces de Nerea, la misma Carlota con la que pasó todo lo del accidente. Toni decide no decirle nada hasta que salgan de la sala.
- Perfecto, pues ya lo tenemos. ¿Alguien tiene alguna duda?
- Sí, yo –dice un chico de unos treinta años-. El viaje de vuelta, ¿es cierto que lo hacemos sin pasajeros?
- Sí, lo más seguro es que sí.
- Guay –dice el azafato, llamado Jaime, con una gran sonrisa.
- ¿Algo más?
Todos niegan con la cabeza.
- Pues vamos ya al avión que vamos tarde.
Cuando suben al avión Toni observa que todo está demasiado sucio y desordenado. Hay demasiados papeles por los suelos, los cinturones no están bien colocados y los compartimentos superiores no están todos iguales: hay algunos abiertos y otros cerrados. También hay un carrito en medio del pasillo, cosa que no pinta mucho.
- ¿Qué ha pasado aquí? ¿Un tornado? –dice una azafata, María, observando lo mismo que Toni.
- Madre mía, más trabajo para nosotros –dice Carlota.
- Bueno, entre todos acabaremos antes, ¿no? –dice Toni.
Carlota se gira y lo ve.
- ¡Toni!
Se acerca a él y le da dos besos y un abrazo.
- ¡Al igual llevas todo el rato aquí!
- Sí cariño, y ni te has dado cuenta –dice riendo Toni.
- ¡Qué bien! Ya verás lo bien que lo vamos a pasar a la vuelta…
- Que ganitas tengo –dice Toni.
- ¡Y yo!
- Vamos a recoger esto, anda… -dice María, que ha presenciado toda la escena.
Empiezan a quitar todos los papeles que hay por el suelo. Inexplicablemente, también hay algunos en los compartimentos superiores; nadie se explica como han podido llegar tantos hasta ahí arriba.
- Que guarros. Los azafatos de antes no han limpiado ¿o qué? –dice Toni.
Carlota se encoge de hombros.
- ¿Cómo va todo? –pregunta abrochando y desabrochando cinturones.
- Bien, bien, ¿y tú?
- ¡Genial! Es una lástima que hayamos perdido el contacto de esa manera… -dice Carlota.
- Ya… El trabajo, supongo.
- Nerea a veces me habla de ti, por eso se más o menos algo.
- ¿Ah sí? Pues no se qué es lo que te habrá dicho. Hablamos tanto y tanto y tanto que es imposible adivinar el tema –dice irónico.
Carlota se lo queda mirando.
- No me mires así, Nerea está muy rara, no sé que mierdas le pasa. Eso sí, no pienso ir detrás de ella, díselo si quieres, que lo sepa.
- ¿No te ha contado nada…? –pregunta Carlota asombrada.
En cuanto acaba de preguntar sabe que ha metido la mata.
- ¿Contar el qué?
- Nada, nada, déjalo, me he confundido.
Toni deja de quitar papeles y se acerca a Carlota.
- Dímelo.
Carlota lo mira a los ojos.
- Yo no soy la indicada.
- Aquí nadie es el indicado pero el tonto que está en medio soy yo, así que no me toques los huevos. ¿Qué coño pasa?
- Eh, eh, te tranquilizas ¿vale? Aparta –se gira y se va.
Está claro que a Carlota no le ha gustado nada la actitud de Toni, pero en el fondo lo entiende.
- ¡Carlota! –dice Toni tras ella.
- Déjame en paz Toni -dice Carlota enfadada.
- Eh, no, va, lo siento.
- No, déjame. Yo no tengo la culpa de nada para que te pongas así conmigo. Déjame tranquila un rato, anda.
Carlota se va a otra parte del gran A330 y deja a Toni allí plantado, comiéndose la cabeza a más no poder y, por supuesto, traicionando su promesa de no pensar en Nerea en todo el día.

Un sueño hecho realidad. (55)

Está muy contento, más que de costumbre. El motivo, como no, tiene que ver con su trabajo: su próximo vuelo es de los largos, rumbo a América, más concretamente, a Punta Cana. Es el primer vuelo en el que estará tantas horas dentro del avión, por eso está tan feliz.
Coge su teléfono móvil y marca un número.
- ¿Sí? –responden al otro lado.
- Hola, ¿qué tal estás? –pregunta Toni.
La otra persona se queda callada, no sabe quien le habla.
- Perdona, ¿quién eres?
Toni se queda parado.

- ¿No sabes quién soy?
“Mierda”, piensa la chica con la que habla Toni, “es él”.
- Ay, Toni…
- ¿Has borrado mi número? –dice molesto.
- Lo siento, de verdad, ni me he dado cuenta. Supongo que se habrá borrado solo o toqueteando el móvil lo he borrado sin querer…
La mentira no cuela.
- Ya, claro. ¿Me has visto cara de tonto o qué?
- No Toni, tranquilo, hay una explicación. De todas formas no creo que sea para tanto, pienso yo.
- No claro, no es para tanto. Entonces ya me estás diciendo por qué borras mi número, porque no lo entiendo.
- Pues…
Ella calla inventando a toda prisa una excusa, otra excusa.
- Nerea déjate de rollos, paso. Adiós.
Y Toni cuelga. La verdad es que Nerea lleva días muy extraña, como evitándolo. Toni no se llega a imaginar el porqué. Lo cierto es que la relación que había entre ellos al principio no tiene nada que ver con la de ahora.
Un nuevo SMS.
“Dejam xplicarme… Losiento…”
Es de Nerea. Toni lo borra al leerlo y se guarda el móvil en el bolsillo. Después, va a la sala donde se reunirán todos los azafatos para planificar el vuelo y decide que hoy, almenos durante el vuelo, no va a dejar que lo de Nerea le afecte.

Un sueño hecho realidad. (54)

“Estamos sobrevolando un área de turbulencias por lo que lamentamos tener que interrumpir el servicio, el cual reanudaremos tan pronto como nos sea posible. Por favor, comprueben que sus cinturones de seguridad estén abrochados y permanezcan en sus asientos hasta que se apague la señal luminosa, gracias.”
Toni mira a Marta y sonríe: le encantan las turbulencias. Los pasajeros hacen caso rápidamente y se abrochan los cinturones. Es curioso, el poder del miedo a que pueda pasar algo siempre es más fuerte que cualquier otro. Tanto pasajeros como trabajadores permanecen sentados sin moverse ni un pelo durante el minuto y medio que duran las turbulencias. El avión va dando pequeños botes, a excepción de algún otro más grande, que hace botar a todo cuanto está allí dentro. Algún que otro pasajero que quiere llamar la atención pega un grito, pero cuando las turbulencias acaban todo vuelve a la normalidad.
- ¡Esto es genial! –exclama Toni.
Marta ríe.
- ¿Tanto te gustan? ¿Incluso después del accidente?
- Incluso después. Desde que soy pequeño las adoro.
- Ay que ver –dice ella.
La señal luminosa se apaga.
- Ahora mismo deben de quedar unos quince minutos o así –dice Marta.
- Que pena, me habría gustado trabajar más rato contigo.
- ¿Quién sabe? Si hemos coincidido una vez ¿quién te dice a ti que no podemos volver a coincidir?
- Tienes razón –dice Toni sonriendo.
Unos minutos después la señal se vuelve a encender, esta vez para no volver a apagarse hasta que el avión haya aterrizado.
Al aterrizar todos notan como el avión se inclina y desciende, pero no hay ningún tipo de problema. Cuando ya están en tierra y llega el momento de bajar del avión los pasajeros salen sin prisa pero sin pausa, la mayoría comentando la aventura de las turbulencias. Luego, cuando todos los azafatos han revisado todo otra vez, descienden ellos también.
- Bueno –dice Marta en el interior del aeropuerto-. Un placer trabajar contigo, señor Mayor.
Toni ríe.
- Igualmente Marta. Sinceramente, me ha encantado trabajar contigo.
Marta sonríe.
- Lo mismo digo, ya lo sabes. A ver si algún día voy yo a Mallorca o te vienes tú a mi ciudad y nos vemos y charlamos sobre más cosas, ¿no?
- Cuando quieras.
- Pues nada, nos vemos pronto.
- ¡Eso espero! –responde Toni.
Se dan dos besos en las mejillas y Marta se marcha, desapareciendo así entre la gente. Toni saca su móvil y llama a su madre para decirle que todo está bien. Piensa que debería llamar también a Nerea pero al final no lo hace por falta de ganas, ya que últimamente Nerea está cada vez más rara con él.
Coge su maleta y se pierde él también entre la gente.

Un sueño hecho realidad. (53)

Marta se agacha un poco para comprobar que el cinturón de uno de los asientos de la parte derecha del avión esté en su sitio y no esté roto. Toni está justo a su lado, en la parte izquierda del avión colocando algunas tarjetas informativas. Quizá sea por el peculiar silencio que hay en el avión y que se rompe con las palabras de los trabajadores; quizá sea por el interior del avión, tan perfecto y ordenado; quizá sea por la presencia de Marta y la sensación que tiene él de poder hacer cualquier cosa, pero hoy Toni está que no cabe en ningún sitio de la enorme felicidad que le invade. No deja de sonreír en todo el rato, sea por lo que sea.
- Marta, esto se hace a lo profesional –le dice Toni sin acabar de colocar todas las tarjetas. Las pocas que le quedan las deja sobre un asiento y después se coloca bien el chaleco-. Mira.
Marta deja de hacer lo que está haciendo y se pone a mirarlo enarcando una ceja.
- ¿Qué vas a hacer?
- Dos puertas en el techo –dice señalándolo-. Una bajo los asientos –dice abriendo un poco sus piernas y agachándose. Su postura es un tanto ridícula pero muy divertida a la vez.
- Estás loco –dice Marta riéndose-. La próxima qué será, ¿ponerte a bailar unas sevillanas?
- Ey, no sería mala idea, ¡y tú serías mi pareja!
- Anda calla…
Los dos ríen y vuelven al trabajo. Como no les quedaba mucho acaban rápidamente.
- ¿Vamos a llenar un carrito? –pregunta Marta.
- Vamos –le responde Toni.
Van a la gallery y empiezan a llenar el carro. En mayor cantidad y en la parte superior están las bebidas; justo debajo se encuentran unas cuantas bolsas con frutos secos y algún que otro bocadillo.
- La gente no suele pedir bocadillos… pásame uno o dos más y ya está. Si faltan ya vendremos a por ellos –dice Marta.
Toni le va pasando los alimentos y Marta los va colocando.
- Ah oye –dice Marta.
- Dime.
- Sabes que hoy, al final de las instrucciones, tenemos que hacer un mini baile para animar a los pasajeros, ¿no?
- ¿Qué? –dice Toni sin entender nada.
- ¿No lo sabías?
- Pero si antes no han dicho nada, Marta…
- A mi me avisaron hace unos días.
- No me jodas…
Marta ve la cara de terror que pone Toni y empieza a reír.
- Es broma -dice
Toni la mira de una manera en la que si las miradas matasen ella estaría fulminada.
- Me has asustado –dice él.
- Lo sé, eso es lo que quería –dice Marta riendo.
- Serás mala…
- Anda vamos, que los pasajeros deben de estar al llegar.
Toni y Marta salen de la gallery dejando el carrito preparado y se dirigen al resto del avión.

Un sueño hecho realidad. (52)

Ya han pasado tres meses desde que sucedió el accidente y se puede decir que todo ha vuelto a la normalidad. Toni sigue soñando con aviones estrellados, pero cada vez se repiten con menor intensidad y no son tan impactantes. Por supuesto, vuelve a vivir en su propia casa y ha vuelto al trabajo. Ha estado hablando bastante con Nerea pero la nota muy extraña y distante y no entiende el porqué. Con Carlota se podría decir que ha perdido el contacto al cien por cien. Es una pena, piensa, ya que es muy buena chica.
- Bueno mamá cuando llegue a Madrid te llamo.
- Vale, un beso.
Toni se encuentra en el aeropuerto de Palma de Mallorca. Son las 20:23h de un día de finales de Abril. Está esperando que lleguen el resto de sus compañeros de trabajo para planificar el vuelo. No tardan mucho en llegar, son puntuales. Todo parece como siempre, rutinario, pero algo que no esperaba en absoluto le gira el día completamente.
- ¿¡Marta!? –exclama preguntando Toni.
Marta abre unos ojos como platos.
- No puede ser. ¡Toni!
Los dos se funden en un abrazo y se dan dos besos en las mejillas. Lógicamente, están encantados de haber descubierto que trabajarán juntos.
- Es increíble, ¡tenemos un vuelo juntos! –dice Toni.
- Ya ves, esto es de lo mejorcito. ¿Cómo estás? –le pregunta Marta por lo del accidente.
- Bien, bien, ahora mejor. Tengo que reconocer que los primeros días se me hizo bastante duro. Bueno, eso ya lo sabes que te lo dije. Pero ahora ya bien.
- Mejor, mejor. ¡Ay, qué ilusión!
Toni ríe.
- Pues nada, ¡manos a la obra! –dice Marta.
Marta, para Toni, es una de esas personas que se cruzan en la vida de alguien como por casualidad. Es alguien en quien se puede confiar y con quien uno nunca se aburre. Se conocieron hace unos años cuando él buscaba azafatos y azafatas para poder saber más sobre el trabajo. La verdad es que está más que encantado de haberla conocido, y ahora que tiene la oportunidad de trabajar junto a ella sabe que la aprovechará al cien por cien.
Acaban de organizar todo y se repite la misma escena de siempre: los azafatos van hacia el avión y suben a él para revisar que cada cosa esté en su lugar.

Un sueño hecho realidad. (51)

Son las 15:48h cuando llegan a casa. Lo primero que hace es quitarse toda la ropa sucia y mojada y ducharse. Cuando sale, se viste con algo cómodo y coge algo de comer.
- ¿Qué tal estás? –le dice su madre recogiendo algunos platos de la cocina.
- Bien, bien, mejor que antes, la verdad.- He llamado a papá, ya lo sabe todo. Le he dicho que estás bien y que no se preocupe.
- Ah vale, gracias.
Su madre nota que está distante, extraño. Piensa que es normal, acaba de tener un accidente de avión. Eso se dice muy rápido pero solo el que lo ha vivido sabe lo que es.
- Ah, ¿sabes quién ha llamado? –le pregunta a su hijo para ver si se distrae un poco.
- ¿Quién? –dice con un poco de curiosidad él.
- Ana.
Toni se sorprende.
- ¿Ana?
- Sí, estaba preocupada. Ha visto lo del avión y estaba segura de que tú ibas dentro. Le he dicho que la llamaría cuando supiese algo, pero casi mejor que la llames tú, ¿no?
- Sí, sí, está claro. Que raro, no me lo esperaba, hace ya tiempo que no hablamos…
- Yo la llamaría ya, debe de estar preocupada.
Toni asiente. Se levanta de la mesa y va a por el teléfono fijo. Marca el número de su amiga y espera a que conteste.
- ¿Sí? –dice una voz femenina.
- ¿Ana?
- ¿Toni?
- Sí, soy yo. Y sí, estoy bien.
- O sea, que ibas en el avión…
- Sí, pero tranquila que yo y todos los demás pasajeros estamos bien, no ha pasado nada más.
- Buffff… Es que no sé, en cuanto he visto la noticia, me he fijado en la compañía que era y el sitio donde había pasado todo… me he asustado mucho… –se puede advertir que está realmente preocupada.
-La verdad es que no sé ni como ha pasado, lo único que quiero hacer ahora es dormir y olvidarme de todo.
- Sí, será lo mejor. Oye, si pasa algo más llámame ¿vale?
- Sí, sí, tranquila –Toni hace una pausa-. Ah, gracias por llamar.
- Anda, anda, que vaya bien.
- Lo mismo digo “bufala danzante”.
Ana se sorprende y ríe.
- Adiós “monstruo”.
Y cuelga. Toni también ríe. Deja el teléfono encima de la mesa del comedor y se va a su cuarto.
- Mamá me voy a dormir.
- Vale, descansa.
- Si ves que es muy tarde despiértame…
- Vale, vale.
Toni cierra la puerta de su habitación y acuesta. Se duerme enseguida pero su sueño es perturbado por pesadillas. Toni se ve a si mismo solo en medio del mar. A unos metros hay un gran avión medio hundido que se ha estrellado. De la nada, sin que nada ni nadie lo provoque, miles de cuerpos humanos empiezan a flotar rodeándolo. Toni empieza a nadar rápidamente intentando escapar de todo aquello pero es como si nunca avanzase, los cuerpos y el agua nunca se acaban. Se despierta sobresaltado y mira hacia el techo. Se da cuenta de que no va a poder olvidar el accidente tan rápidamente como él pensaba.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Un sueño hecho realidad. (50)

Toni y Carlota consiguen que una de las personas de emergencias que está por allí les deje un móvil.
- Tú primero –dice Carlota.
- ¿Seguro?
- Sí, sí.
Toni no se lo piensa dos veces, marca el número de su madre y espera ansioso que descuelgue el teléfono.
- ¿Sí? Responde una voz femenina tras cinco toques.
- ¿Mamá?
- ¿¡Toni!? ¿Estás bien? Dime que no ibas en ese avión.
- Mamá tranquila, estoy bien, no me ha pasado nada, ni un rasguño. De hecho a nadie le ha pasado nada, pero sí, iba en ese avión.
- Ay Dios –dice su madre temblando-. Ahora mismo voy para allá.
- Vale pero tranquilízate ¿vale? De verdad, todos estamos bien y a salvo. No corras mucho por la carretera por las prisas ¿vale? Por cierto, ¿y papá? ¿Sabe algo?
- No sé si lo sabe, está trabajando, supongo que no. Ahora después le llamaré para decirle que todo está bien.
- Vale, hasta ahora, un beso.
- Otro para ti.
Toni cuelga y le pasa el móvil a Carlota. Ella llama a sus padres y también los tranquiliza. Después, todo es un lío. Nadie sabe adónde tiene que ir, que tiene que hacer. Poco a poco la calma va regresando y varias personas controlan todo aquel caos. Los pasajeros que viven en Mallorca pueden irse a su casa, al día siguiente todo se aclarará de mejor manera. A los azafatos y demás pasajeros que tienen que irse a otro sitio fuera de la isla les ofrecen la posibilidad de viajar en barco gratuitamente. Lógicamente, la gran mayoría acepta.
Carlota y Toni se despiden e intercambian  sus correos electrónicos para no perder el contacto.
- Dile a Nerea que estoy bien y que… -iba a decir que la quería, pero en el último momento se arrepiente y cambia la frase- que ya hablaremos, que no se preocupe.
- Vale. Bueno pues, a pesar de esto, encantada e haber tenido este vuelo contigo –dice de corazón Carlota.
- Igualmente –dice Toni sinceramente.
Se despiden con dos besos y cada uno va por su camino.
- ¡Toni! –exclama su madre al verlo justo unos segundos después de que Toni se haya despedido de Carlota.
- Mamá.
Ambos se funden en un abrazo y su madre le da varios besos en la mejilla.
- Menos mal que estás aquí. Estás empapado, ¿no tienes frío?
- Un poco, pero da igual. Vámonos ya a casa que me quiero relajar de todo esto ya.
- Te vienes conmigo en el coche ¿no?
- Sí, sí, ya cogeré el mío mañana, si eso.
- Vale, no te preocupes, vamos.
Madre e hijo se suben al coche.
- Mejor me voy contigo a casa, no tengo ganas de ir a la mía –dice Toni.
- Como quieras –dice su madre.
La verdad es que da igual donde se quede ya que la habitación que tenía cuando aún vivía con sus padres sigue en casi el mismo estado. Además, allí guarda un poco de ropa para si hay alguna urgencia como la de esta vez.

Un sueño hecho realidad. (49)

Unos kilómetros más hacia el norte, en un pueblecito de la misma isla, una mujer rubia de unos increíbles y preciosos ojos azules grisáceos está pendiente de la televisión. Se acaba de enterar de la noticia y está muy asustada. Cuando la noticia acaba, suena el teléfono.
- ¿Sí? […] Ay, hola. […] No lo sé, no me ha llamado. […] En cuanto sepa algo te llamo, no te preocupes. […] Sí, tranquila, gracias por llamar. […] A ti, adiós.
No, no era Toni. Su madre, desesperada, coge el teléfono y lo llama a su móvil. Nada, está apagado.
- Por favor, que Toni no haya viajado en ese avión –dice su madre cogiendo el abrigo y el bolso y saliendo rápidamente hacia Palma de Mallorca.

Un sueño hecho realidad. (48)

Imagen 2: Un avion cae al mar
Ya han llegado al barco. Carlota sube la primera. Toni le pasa a la niña y después sube él. El avión está medio hundido destrozándose lentamente con pertenencias de casi trescientas personas inservibles e irrecuperables.
- Joder… -dice Toni observando el avión desde el barco.
Carlota se pone a su lado y se pega a él con fuerza, cogiéndole del brazo y tiritando de frío, como Toni.
- En mi vida he pasado tanto miedo, te juro que estaba segura de que moriría.
- Bueno, estamos vivos –dice Toni con una pizca de esperanza.
- Sí…
- ¿Qué debe haber pasado…? Uno de los motores ha petado fijo –dice Carlota.
- A saber.
Un hombre del barco se acerca a ellos y les pregunta cómo están y ofrecerles su ayuda. Ellos responden que están bien, pero que igualmente gracias. Iris ya se ha reunido con su madre, angustiada por los minutos que ha pasado separada de su hija. Con la pequeña en sus brazos se acerca a Toni y Carlota.
- Muchísimas gracias por todo –les dice.
- No nos las dé, no hace falta –dice Carlota.
Toni se limita a sonreír.
- ¿Y mi regalo? –pregunta la niña.
Toni mira a Carlota pidiéndole ayuda con la mirada puesto que no tiene nada que ofrecerle a la niña.
- Ahora voy a buscarlo –responde para salir del apuro viendo que Carlota tampoco sabe que decir-. ¿Vienes Carlota?
- Sí claro.
Los dos se despiden de madre e hija y se van sin saber muy bien a donde. Entran en el interior del barco para que la niña no los vea y piense que realmente han ido a por su regalo.
- ¿Y ahora qué le doy? –pregunta Toni.
- Yo que sé, es que tú también…
- ¿Qué querías que hiciese?
Carlota se encoge de hombros. Por allí pasa un médico que ha subido a bordo rápidamente con la ayuda de una barca. El avión no se ha estrellado muy lejos de la costa, por lo tanto han podido llegar médicos y otras personas para ayudar con rapidez.
- ¿Vosotros estáis bien? –les pregunta el médico ajetreado cuando pasa por su lado.
- Sí –contestan al unísono.
El médico se marcha a ayudar a otra gente. A Toni se le enciende una bombilla en la cabeza y corre tras él.
- ¡Perdona, perdona! –grita Toni tras él.
El médico se gira sin saber muy bien a qué se deben esos gritos.
- Sí, dime, ¿te pasa algo?
- No, no, pero, por casualidad no tendrás una piruleta o algo así para los niños ¿no? Es para una niña que iba en el avión.
- Ah, sí, sí, claro, toma.
El médico saca de su maletín una pequeña piruleta y se la da a Toni.
- ¡Muchísimas gracias! –le dice mientras vuelve con Carlota.
- Mira lo que he encontrado –dice Carlota al verlo.
Es una pequeña concha blanca, como la nieve limpia, con unas cuantas rayas en la parte de afuera y un pequeñísimo agujero en uno de los extremos.
- Podrías dárselo –le dice.
- Muchas gracias, le daré eso y esta piruleta. Total, para ella seguro que es todo un tesoro.
- Seguro –dice Carlota riendo.
Los dos vuelven con Iris y le dan los dos pequeños objetos.- Esto –dice Toni dándole la piruleta- me lo ha dado el capitán del barco, un señor muy importante que sabe hacer magia.
La niña abre los ojos y la boca, sorprendida.
- Y esto –dice Carlota mostrando la concha- me lo ha dado personalmente una sirena muy guapa que me ha dicho que eres muy valiente. Esta concha da mucha suerte, ¡guárdala bien!
La niña se queda maravillada con las piadosas mentiras que le acaban de contar. Después de dar otra vez las gracias, la madre de Iris y ella se van. Nunca más volverán a ver a Toni y a Carlota.
- Tengo que llamar a mi madre sea como sea –dice Toni.
- Y yo… -responde Carlota.
El barco ha llegado al puerto de Palma de Mallorca hace un rato. Todos los pasajeros del avión bajan  y Toni y Carlota van en busca de un teléfono.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Un sueño hecho realidad. (47)

Carlota y Toni han corrido a sentarse en sus sitios para no caerse y accidentarse.
- No estamos aterrizando en pista… -dice Toni.
- ¡El mar! –exclama un pasajero-. ¡Nos caemos!
- Vamos a morir, joder, vamos a morir –dice otro un par de filas más atrás.
- ¡Callad! –grita Toni-. Aquí nadie se va a morir, joder ya. El piloto sabe lo que hace. Haced caso de lo que decimos y dentro de un rato estaréis en casa.
Los llantos de los pocos niños que viajan dan a la situación un toque macabro y más angustiante de lo que ya es.
El avión acaba de tocar la superficie del mar y el piloto dice algo.
- Señores pasajeros, afuera hay un barco esperando a rescatarnos. Salgan como les dirán nuestros azafatos y naden hasta el barco.
Los azafatos se dan prisa. Abren las puertas de emergencia y los toboganes hinchables correspondientes se abren. Todos los pasajeros ya se han colocado los chalecos salvavidas.
- Vamos, uno por uno, id bajando.
Toni y el resto de azafatos tienen que mantener la calma como sea, todo y que ellos están igual de asustados y nerviosos que los pasajeros. Por suerte, obedecen en todo y rápidamente todos son evacuados. Las últimas pasajeras son la pequeña niña rubia y su madre.
- Anda hola –le dice Toni a la niña-. Mira, ahora bajaremos juntos y te llevaré en mi espalda. Te tendrás que coger fuerte, ¿eh?
La madre no está muy de acuerdo.
- No se preocupe, baje usted que yo la llevo, no le pasará nada, se lo prometo.
- Por favor, es lo más grande que tengo… -dice la madre.
- Tranquila, está en buenas manos.
La madre se tira con muchos nervios, miedo y angustia y, después, empiezan a descender todos los azafatos.
- Carlota, tírate tú primera. Luego que se tire la niña y la coges. Cuando yo me tire la cojo y la llevo al barco. Ves cerca de mí, por si acaso.
- Vale, allá voy.
Carlota se tira.
- ¿Cómo te llamas? –pregunta Toni.
- Iris –contesta la pequeña.
- Iris, qué bonito. Mira, ahora te tirarás por aquí y esa chica que está en el agua te cogerá, ¿vale?
- No… me da miedo. ¿Y tú?
- Yo voy justo detrás de ti, no tengas miedo ¡qué sino no te podré dar tu regalo!
- Vale, pero no tardes.
- Te prometo que no.
La niña se tira con la ayuda de un pequeño empujón que le da Toni y Carlota la recoge. Luego Toni desciende y coge a la niña.
- Qué frío, Dios… -dice Toni casi para sí mismo.
- Nos vamos a congelar, como los del Titanic –dice la niña.
- ¡No digas eso! –exclama Carlota.
- Venga vamos –dice Toni poniéndose la niña en la espalda y nadando hacia el barco.
Como bien han dicho antes, Carlota permanece a su lado por si hay algún problema.

Un sueño hecho realidad. (46)

- Por favor, abróchese el cinturón que en breve aterrizaremos –le dice Toni a un pasajero despistado.
- Ah, sí, sí, perdón.
Clic, clic. Los pasajeros se van abrochando los cinturones deseosos de volver a desabrocharlos cuanto antes mejor. Una niña de unos cinco seis años, rubia y con unos grandes ojos marrones brillantes tiene algún que otro problema al abrocharse el cinturón.
- Mami, no puedo.
Toni la escucha y la ayuda.
- Deje, ya lo hago yo –le dice a la madre.
La niña se queda embobada mirando los movimientos para abrochar el cinturón que hace Toni.
- ¡Yo de grande seré como tú! –dice cuando acaba.
Toni sonríe.
- ¿Sí? Pues has elegido muy bien.
La niña le sonríe. El pelo ondulado que le cae por ambos lados de la cara le hace tener un rostro angelical.
- Gracias –dice su madre.
Toni le sonríe y se va hacia su asiento, que está junto al de Carlota.
- Bueno… Tú te vas ya a casa, a mi me toca ir a Valencia aún.
- Acabarás rápido –la ánima Toni.
- Supongo.
Se abrochan los cinturones y esperan el momento de aterrizar. Normalmente, después de unos diez minutos de haber dado la señal para que todos se abrochen los cinturones el avión desciende, pero esta vez algo ocurre.
- ¿No tendríamos que haber aterrizado ya? –pregunta nerviosa Carlota.
- Estarán esperando a algo –dice Toni para tranquilizarla.
De repente, un sonido muy fuerte, una especie de explosión.
- Dios, ¿qué ha sido eso? –pregunta Toni asustado.
- reza para que no haya sido un motor –le die Carlota igual de asustada.
La gente se asusta rápidamente. Un gran murmullo se levanta y el pánico crece a gran velocidad.
- Voy a ver qué pasa, intenta tranquilizar a la gente con los demás –dice Toni.
Toni va hacia el cocktip. Cuando entra ve que hay otro azafato.
- ¿Qué ha pasado?
- Uno de los motores no respondía y luego ha petado. No podemos aterrizar, es peligroso –dice el piloto.
- Ah, entonces la mejor solución es quedarse en el aire con un montón de pasajeros asustados y un motor menos, ¿no? ¡Muy inteligente! –dice el otro azafato, Esteban.
- La gente cada vez está peor –dice Toni.
- ¡Joder! Yo no tengo la culpa, tranquilidad –dice el piloto agobiado.
De repente, una segunda explosión y una sacudida bastante fuerte.
- ¡Vamos a caer, me cago en la puta! ¡Haced algo! –grita Esteban.
Los gritos y los nervios de la gente son cada vez mayores. Toni sale a ayudar a sus compañeros a poner orden.
- Por favor, siéntense y pónganse los chalecos salvavidas.
- Tranquilícense, por favor.
- Calma, calma.
Los azafatos no dan abasto. Toni pasa por al lado de la niña rubia, está llorando. Su madre la tiene medio abrazada intenta tranquilizarla, pero viendo su estado, es evidente que no lo consigue.
- No llores, que no pasa nada. Esto es como un juego, como las películas. Es todo de mentira –le dice Toni para tranquilizarla.
- No me gusta, me da miedo.
- ¿No? Bueno, ya mismo acaba, es que la partida tiene que acabar… Mira, si dejas de llorar y me enseñas una sonrisita te daré un regalo.
La niña se sorbe los mocos y enseña una media sonrisa.
- ¿De verdad?
- ¡Claro que sí! Venga, ya mismo acaba.
Luego, sin que la niña se dé cuenta, le dice algo a su madre.
- No se preocupe, no vamos a morir.
- Eso es precisamente lo que estoy pensando todo el rato.
- Siga los pasos que les decimos, no pasará nada –la tranquiliza.
- Bueno… lo intentaré. Gracias, eres muy amable –le dice con una sonrisa asustada.
Se aleja de madre e hija y va a poner más orden.
- Esteban me ha dicho que caeremos al mar. Joder, tengo miedo –dice Carlota.
- ¿Al mar? ¿Tan grave es? ¿Por qué no aterrizan ya de una puta vez? –dice Toni con los nervios a flor de piel.
Y, sin que nadie lo espere, el avión empieza a descender dispuesto a aterrizar.