domingo, 31 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (29)

Abre la puerta de su casa y la cierra sin hacer demasiado ruido. Hecha la llave por dentro y deja las llaves en el primer mueble que encuentra a su paso. Está tan cansado que de mientras va a su cuarto va pensando en si ducharse ahora o al día siguiente al despertarse. Entonces, se acuerda de que no ha llamado a su madre ni le ha dado notícias suyas; se le ha pasado por completo por estar pensando todo el rato en Nerea. Coge rápidamente el teléfono y la llama.
- ¿Mamá? Siento no haberte llamado antes, estoy tan cansado que se me ha pasado, lo siento.
- ¿Ya has llegado? ¿Todo bien? Ya te vale, ¡me tenías preocupada! Pensaba que te había pasado algo o yo que sé...
- Lo siento, de verdad. Es que entre que ha habido un pequeño problema con un par de imbéciles en el avión y estoy cansado se me ha pasado, no volverá a pasar, de verdad.
- ¿Un problema? ¿Qué ha pasado?
- Ya te contaré que me voy a dormir porque no me aguanto en pie.
- Mañana en cuanto te despiertes ya me estás llamando, y como no lo hagas ya verás tú.
- Qué sí, mamá, mañana te llamo en cuanto abra los ojos.
- A ver si es verdad. Por lo demás todo bien en el viaje, ¿no? ¿O ha habido más problemas?
- No mamá, todo bien, venga va, ¡no me entretengas más que tengo sueño!
- ¡Vale, vale! Venga, buenas noches, descansa.
- Gracias, igualmente, un beso.
Y cuelgan. Cuanto más prisa tiene para hacer algo, más se entretiene. Finalmente decide que se duchará mañana, ya que aparte de que no está sucio, todas las veces que ha dicho que estaba cansado iban enserio. Se quita el uniforme, se pone el pijama y se acuesta. Justo cuando cierra los ojos se acuerda de que había quedado en llamar a Nerea para explicarle lo del vuelo, pero está tan cansado que lo deja estar y piensa que ya la llamará mañana, aunque en el fondo le sabe mal. En cuestión de minutos está dormido profundamente.

Un sueño hecho realidad. (28)

- ¿Nerea? Soy Toni, ya he llegado.
- ¡Toni! -exclama Nerea al otro lado de la línea teléfonica-. ¿Qué tal el viaje?
Él suspira.
- No te imaginas lo que ha pasado.
- ¿Problemas? -pregunta preocupada de golpe.
- Más o menos, pero tranquila que estoy bien.
- Ah vale, por un momento me he asustado.
- No, no, tranquila, ya te contaré -dice tranquilizándola.
- Aún estás en el aeropuerto, ¿verdad?
- Sí, acabo de bajar del avión ahora mismo. Eres la primera persona a la que llamo, deberías de estar orgullosa, ¿eh? -bromea él.
- Sí, sí, ¡y lo estoy! ¿No ves que alegría? ¡La primera, qué bien! -dice fingiendo una alegría desmesurada pero, en el fondo, siendo feliz de verdad.
Los dos ríen.
- Oye lo siento pero es que llego cansado y aun tengo que ir a ver a mi madre. ¿Hablamos luego?
- Sí, sí, no te preocupes. Luego te llamo o me llamas y me cuentas. ¡Un besazo!
- Igualmente feísima.
Y esta vez cuelga él primero. Esta mañana ha sido ella y ahora él se ha tomado la revancha.
Va hacia su coche. Cuando lo encuentra abre con el mando a distancia y se mete en el interior, no sin antes haber guardado la maleta en el maletero. Cuando está dentro, cierra la puerta y se acomoda en el asiento. Cierra un momento los ojos y se relaja. Es de noche, bastante tarde. Abre los ojos, mira por el gran cristal delantero del coche que tiene frente a sus ojos y observa las lucecitas de los aviones que aterrizan y despegan; es una visión increíble, almenos desde su punto de vista. Decide marcharse ya a su casa, está muy cansado. Arranca el coche y se pone rumbo a su hogar. Por el camino va cambiando la radio de vez en cuando, intentando encontrar alguna canción que le guste.
"... y tú y yo en esta noria, retratos de una noche, en los fotomatones. Y sin dudar te sigo hasta el metro, tribunal hasta al aeropuerto, para ver tumbaos en el suelo, despegar un avión en el cielo. Y sin dudar tú me plantas un beso, quema gas huele a queroseno, qué más da yo respiro tu aliento, dame más razones con hielo, bipolar..."
En cuanto ha escuchado esta canción se ha acordado de Nerea, de cuando han estado observando el aeropuerto de lejos. Nerea, esa chica tan peculiar, tan única. Nerea; le encanta. Le encanta su nombre, le encanta el mechón de pelo que se ha apartado de la cara varias veces, le encanta el beso robado que le ha dado y le encanta ella.
Entre canciones de distintas emisoras y entre pensamiento y pensamiento ya ha llegado a su casa. Son las doce y veinte pasadas de la noche y no hay nadie en la calle, excepto un hombre mayor solitario que pasea a su perro. Conforme va avanzando y se va acercando a él, se da cuenta de que es su vecino. Lo saluda.
- Buenas noches -dice educadamente.
- Gracias hombre, igualmente. ¿Bien el primer día de trabajo?
- Sí, sí, perfecto. Gracias por preguntar.
- No hay de qué. Ahora a descansar, ¿no?
- Pues sí, que ya toca.
Se despiden con un simple gesto y el hombre sigue caminando mientras él entra dentro del portal.

-3!

sábado, 30 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (27)

Está dentro de la gallery. Coge dos botellines de agua y los pone encima de un carrito que está allí dentro. Coge uno de ellos y lo abre. Desde hace rato tiene pensado que es lo que va a hacer, pero ahora que lo va a hacer de verdad no las tiene todas consigo. ¿Y si se dan cuenta? ¿Y si lo descubren? Entonces, se acuerda de la manera en que el hombre y la mujer se han puesto hace minutos con él y se le quitan toda clase de remordimientos. Piensa que es un tanto asqueroso, pero le da igual. Acerca el botellín a su boca y le escupe un poco de su saliva dentro, luego lo cierra, lo agita fuertemente y lo vuelve a cerrar. Coge el otro botellín y repite la misma operación. Cuando ya ha acabado, inspira profundamente y con una sonrisa malvada sale de la gallery dirigiéndose a los dos maleducados de antes.
- Bueno, aquí tienen su agua -coge uno de los botellines y lo abre.
Esto no lo ha hecho por ser educado, como todos piensan, sino para que no se note que los botellines ya se han abierto antes. Le da el primer botellín a la señora y el segundo al hombre.
- ¿Está buena el agua o quieren otra cosa? -pregunta ocultando una sonrisa que finalmente sale en su rostro.
Los dos saborean bien el agua y finalmente la mujer habla.
- Sí, está riquísima, lo único que vale la pena de este avión.
- Sí, tienes razón -afirma el hombre, bebiendo otro gran trago.
Bien, no se han dado cuenta, todo ha salido a pedir de boca. Él mismo reconoce que lo que ha hecho es asqueroso, pero ambos se lo tenían merecido.
Coge el carrito y sigue atendiento a otra gente que, al verlo, le felicitan diciéndole lo bien que ha estado.
Se acuerda de Nerea: cuando la llame le contará lo sucedido, seguro que le hace gracia.
Media hora después, más o menos, el comandante informa que están a punto de aterrizar y ruega que todos se sienten en sus sitios y se abrochen los cinturones. Los azafatos comprueban que estas normas se cumplan y después se las aplican a ellos mismos.
El avión empieza a descender a gran velocidad y, cuando las ruedas tocan suelo, se vuelven a producir unos botes smilares a los del despegue. Ríe solo cuando se acuerda del momento del agua, cuando han dicho que estaba buenísima. No le ha contado a nadie lo que ha hecho por seguridad pero la verdad es que se muere de ganas.
Cuando el avión ya está parado y no hay nada que impida que los pasajeros bajen, se abren las puertas y bajan de él. Los dos que ha montado todo el follón antes son de los primeros en bajar, empujando a la gente y sin saludar a los trabajadores. La mayoría de los que van en el avión piensan que mejor, que se larguen ya, así ya no harán más jaleo.
Cuando todo está recogido, los trabajadores también bajan. Él coge su móvil como esta mañana pero con la diferencia de que ahora no va a llamar a su madre, sino a Nerea.

-4!

viernes, 29 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (26)

De repente, un recuerdo.
29 de Octubre de 2010;
‹‹- Mira, yo me encuentro a dos imbéciles y vamos los tiro con los asientos y todo -dice él riendo. 
- Te encontrarás a gente así, ¿y tú qué harás? Callarte, no podrás hacer nada -dice la chica con la que habla, también con una sonrisa, segura de lo que está diciendo.
- A mi me dice que el problema somos nostros y que soy un incompetente y le digo: vamos a ver, los únicos icompetentes aquí sois vosotros por mostrar vuestra mala educación -hace una pausa, no sabe como continuar-. Es que bien hablado no me salen las palabras, yo lo diría de otra manera...
Y después de decir esta frase se vuelve a reir imaginando la situación si le llegase a pasar, ya que perdería los papeles, está convencido. Su amiga ríe también, ya que sabe perfectamente a lo que se refiere.
- Te callarías, te lo aseguro, no querrías perder tu trabajo, ¿o sí?
- Me callo al principio pero si me empiezan a decir gilipollas o cualquier otra cosa así yo no me callo, y lo sabes.
- Lo sé, lo sé.
- Luego me llamarían de la compañía: "¿Sí? Hola, sí, soy yo. ¿¡Despedido!? ¿¡Por qué!? ¡Me cago en la leche!"
Y los dos vuelven a reir.
 

Al recordar esta anéctoda ha comprendido que lo que aquel día era una simple broma entre amigos, le está pasando realmente ahora.
- Bueno, a ver, no debería faltarle el respeto a mi compañera. De hecho, no se lo debería faltar a nadie, por empezar -dice él conteniéndose demasiado.
- ¡Ja, ja, ja! -ríe falsamente y a gritos la señora-. Por favor, ¿tú quién te crees para decirnos a nosotros lo que tenemos o no que hacer, eh?
- Pues mire, alguien con más educación que ustedes dos -responde.
El señor se levanta del asiento y se le encara.
- Mira niñato, vete a tu puñetera casa y deja de creerte superior. Que sepas que te va a llegar a casa una denuncia que te vas a cagar. No vas a pisar un avión en lo que te queda de vida.
- ¿Me estás amenazando? -dice él con tranquilidad.
Todo y que aparenta estar tranquilo y sereno no deja de contenerse a cada momento.
Sí, Ana tenía razón.
Mira a los ojos a aquel hombre y continúa hablando.
- Lo digo más que nada porque todo el avión está siendo testigo de lo que está pasando y no sé si ustedes llegarían a ganar en caso de que hubiese juicio, ¿eh? Yo me lo pensaría -dice él de forma orgullosa, cosa que hace cabrear más al señor.
A causa de lo mal que lo ha dejado se le ponen los mofletes rojos y, mirando a todo el avión con cara de asco, decide sentarse y dejar el tema por su propia dignidad, ya que está haciendo el ridículo.
Cuando parece que el ambiente ya no está tan tenso, la mujer vuelve a abrir la boca.
- Perdona, tú -dice señalando a Toni despectivamente.
- Tengo nombre -dice señalándo su placa.
- Sí, como te llames, me da igual, tráenos el agua, ¿no? Ese es tú trabajo.
Si no estuviera en el avión trabajando ya les habría dicho cuatro cosas bien dichas e incluso la cosa podría haber acabado muy mal, pero como está en su puesto de trabajo decide callarse.
Se le acaba de ocurrir una cosa.
- Sí, claro, ahora mismo les traigo el agüita -"de las narices", piensa en su interior.
Y, con paso decidido, va a por dos botellines de agua a la gallery.
 
-5!

jueves, 28 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (25)

- Perdona -le dice una compañera azafata dándole un golpecito en el hombro.
- Sí, dime -respone él girándose.
- Mira, ¿ves aquella señora de allí y el señor que está a su lado? -pregunta señalando la décima fila de la parte izquierda del avión.
- Sí, ¿qué pasa? -pregunta.
- Pues mira, no lo sé. Me llevan comiendo la cabeza dese que hemos despegado, ves a ver tú lo que les pasa por favor, ¡no los aguanto más! -dice la chica desesperada.
- Vale no te preocupes, yo voy -dice guiñándole un ojo y andando hacia aquellas dos personas.
- ¡Gracias! -exclama con alivio la jóven azafata.
Mientras se va acercando se da cuenta de que lo más seguro es que sean un matrimonio. Sus rostros no muestran tranquilidad o felicidad, sino todo lo contrario: parecen enfadados y malhumorados
- Disculpen, ¿puedo ayudarles en algo? -pregunta muy educadamente él mirándolos a los dos.
- ¡Hombre! Otro que viene dispuesto a ayudar, ¡já! -exclama el hombre, de unos 55 años y bastante grande.
- ¿Tienen algún problema? ¿Les puedo ayudar? -pregunta de nuevo él.
- Sí, sí que tenemos un problema, ¡vosotros! ¡Vosotros sois el problema! -exclama la mujer, de unos 50 años más o menos y maquillada a más no poder.
Toni no entiende nada.
- Le hemos pedido a ésa -dice el hombre de muy malas formas señalando a la azafata que antes ha ido a hablar con él pidiéndole ayuda- un par de botellas de agua, ¿y qué nos trae? ¡Dos zumos de piña! ¡Venga por favor!
- Bueno, tranquilícese -le dice al hombre-. Primero de todo, le pido disculpas si le ha sentado mal, pero todos cometemos errores, no la va a crucificar por eso, ¿no?
- Lo que tendría que hacer es tirarla del avión, seguro que no se volvía a equivocar nunca más -dice la mujer con desprecio.
- Hombre, un poco de respeto, ¿no? Ella está haciendo su trabajo y si se equivoca pues no pasa nada, rectifica y ya está.
- No, ¡ya está no! ¡Es una incompetente, como tú! -grita el hombre de nuevo, llamando la atención de todo el avión.
Toni ha empezado a sentir que algo dentro de él que no podrá controlar por mucho tiempo le empieza a recorrer por todo el cuerpo.

-6!

miércoles, 27 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (24)

Los pasajeros ya están empezando a entrar y él, esta vez, está en el interior del avión para cualquier ayuda que necesite cualquier pasajero. Una señora le pide ayuda, ya que no sabe donde se encuentra su asiento, y él muy amablemente mira el billete y le indica su sitio. Ella le muestra una sonrisa de agradecimiento y le dice un "gracias" casi en un susurro y se sienta donde le toca. Él va de un sitio a otro del avión, ayudando a colocar equipajes de manos, mostrándole los asientos a los pasajeros un poco despistados, haciendo cualquier cosa que está en su mano para ayudar.
Parece ser que todos los pasajeros han entrado ya, pero a última hora entra un hombre respirando rápidamente con claros signos de cansancio debido a haber corrido bastante para llegar a tiempo. Cual es la sorpresa de ambos, que cuando se miran a las caras descubren que se conocen. Es el señor que en el vuelo que ha realizado por la mañana decía tener pánico a los aviones y estaba realmente asustado.
- Hombre, parece que el destino quiere mantenernos juntos, ¿eh? -dice el hombre recuperando la respiración y sentándose en su asiento.
- Eso parece, eso parece -dice Toni con una sonrisa.
Después de que todos estén en sus sitios y nada más lo impida, todos los azafatos y azafatas siguen el ritual de siempre e indican las instrucciones de seguridad. Cuando acaban, comprueban de nuevo que todos los pasajeros tengan el cinturón correctamente abrochado y se van a sus sitios; esperando a que el avión despegue.
Los motores hace ya un rato que se han puesto en marcha y el avión empieza a moverse. El comandante pide permiso para entrar en pista y despegar y lo aprueban. El avión coge velocidad rápidamente y unos pequeños botes sacuden todo el avión, haciendo que todos los que van en el interior de la gran máquina voladora se muevan al mismo tiempo.
Ya está, han empezado a elevarse y van ligeramente inclinados; ahora solo toca esperar el momento en el que el comandante indique que se pueden desabrochar los cinturones.
Luz apagada, se pueden levantar. Azafatos y azafatas se ponen al servicio de los pasajeros y éstos últimos piden cualquier cosa que necesiten. Todo va bien pero, al parecer, siempre tiene que pasar algo que tuerza las cosas.

-7!

martes, 26 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (23)

Ya ha dejado atrás la fantástica tarde que ha pasado junto a Nerea. Hace poco más de media hora que se han separado y es como si no la hubiese visto desde hace días. La estancia junto a ella se le ha hecho muy corta, a pesar de que han pasado todo el día juntos. Han hablado de casi todo, han reído, se han divertido. También ha habido un pequeño altibajo pero, por lo demás, se podría decir que ha sido un día extraño para ambos. Nunca han conocido a una persona de ese modo y nunca han congeniado tan bien con alguien.
Quizá ha sido cosa del destino... o no. Lo que sí es seguro es que algo ha crecido dentro de ellos. Las pocas veces que han tenido que encontrarse y verse el corazón se les ha acelerado, cuando se han mirado han sentido algo especial que les empujaba a volver a mirarse otra vez. Han pasado tantas cosas en menos de 24 horas que no es de extrañar que ya no se consideren unos desconocidos el uno para el otro.
"Pero si Nerea es de aquí, de Valencia... ¿qué hacía en Mallorca?", piensa de repente él mientras sube al avión a comprobar que todo esté correctamente. Es increíble: tanto rato juntos y no le ha preguntado lo más obvio: ¿por qué estaba en Mallorca? Decide que cuando llegue a su ciudad natal y la llame para decirle que está bien y todo ha ido bien se lo preguntará.
Repite el mismo ritual que ha hecho esta mañana y va andando por el pasillo del avión revisando que todos los cinturones y compartimentos estén correctamente. También revisa que haya targetas informativas en cada uno de los asientos y, cuando parece que todos los asientos tienen la que les corresponde, llega a uno que le falta. Inconscientemente una sonrisa le aparece en la cara y recuerda una de las veces que viajó en avión y se quedó una de las targetas por gusto propio, para leerlas en su casa cada vez que le apeteciese. Piensa que quizá alguien ha tenido esa misma idea y siguiendo con su trabajo coloca una nueva en su sitio.
Todo está listo y esta vez, aunque es la segunda que viaja ejerciendo su trabajo, ya no está nervioso. Si ha conseguido superar el primer vuelo con resultados excelentes, no hay nada que le impida hacer el segundo. Inspira profundamente y sonríe en su interior, visualizando en su mente la primera vez que ha visto a Nerea, esa misma mañana en uno de los asientos del avión.

-8!

lunes, 25 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (22)

Ya ha acabado de ponerlo todo en orden y no le queda nada más que hacer. Son las ocho menos diez, y el autobús está al llegar. Los dos salen de la habitación y van a recepción. Ella lo espera en los sofás que hay en la gran sala mientras él entrega la targeta y hace todos los trámites necesarios para dar constancia que deja el hotel. Cuando acaba, se reúne con ella.
- Bueno, el autobús ya ha llegado -dice él señalando el gran ventanal que da al exterior desde el cual se ve el autocar y varios compañeros subiendo en él.
- Sí, eso parece -dice ella levantándose y observando el autobús-. Venga, te acompaño.
Los dos salen afuera y se paran uno frente al otro.
- Supongo que esto es un adiós, ¿no? -dice ella intentando ocultar su tristeza.
- Pero no para siempre, ¿eh? -dice él intentando darle ánimos y darse ánimos a si mismo, de paso.
- Eso espero -dice con una media sonrisa.
- Anda ven -dice él extendiendo los brazos para abrazarla.
Ella no duda ni un segundo en abrazarse junto a él, y lo aprieta con fuerza.
- Nos volveremos a ver, ya lo verás -le susurra él en el oído.
Y, sin que se lo espere, ella se pone de puntillas y le da un suave beso en los labios. Luego, le muestra la mejor de sus sonrisas. Él la mira asombrado, ya que no entiende el porqué de aquel beso teniendo en cuenta que antes, en su casa, se ha separado por algún que otro sentimiento de culpa ahcia su novio.
- ¿Y esto? -pregunta.
- ¿No te ha gustado? -pregunta ella abriendo mucho la boca, sorprendida de manera muy falsa y exagerada.
- ¿Y quién te ha dicho a ti que no me ha gustado? -dice agarrándola por la cintura y dándole otro beso.
Ambos sonríen.
- Nos veremos pronto, ¿eh? -dice ella.
- Antes de que tengas tiempo de echarme de menos -dice guiñándole un ojo.
Se dan un último abrazo y él entra al autobús. Es de los últimos, así que pasan un par de minutos y el autobús arranca. Desde la ventana él le muestra una sonrisa y ella, desde la acera, otra.
El autobús deja atrás el hotel y se pone rumbo al aeropuerto.

-9!

domingo, 24 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (21)

Sin apenas darse cuenta, el tiempo pasa y pasa hasta llegar a un punto en que se acaba.
- Nerea, son las ocho menos veinticinco, es tarde. Me he dejado todo desordenado en la habitación y debería irme ya para arreglarlo todo y marcharme. Ya sabes, a las ocho en punto el autobús viene a por nosotros.
A Nerea se le entristece la mirada.
- Me lo estaba pasando genial -dice bajando la mirada.
- Yo también -dice él poniendo dos de sus dedos sobre la barbilla de Nerea y levantándole la cabeza un poco para poder mirarla.
Los dos se encuentran sobre el sofá, ella ligeramente apoyada sobre él. Los dos se quedan callados y, sin saber como, sucede. Él se acerca lentamente al rostro de Nerea, le levanta un poco más la cabeza con una delicadeza exquisita y la besa. Ella cierra los ojos y se deja llevar, sintiendo cosas que hacía tiempo no sentía. El tiempo parecía haberse parado, la gente parecía haberse esfumado y todo cuanto les rodeaba parecía no existir. Solo ellos. Toni y Nerea.
Pero, como si de una pesadilla se tratase, Nerea se aparta rápidamente y se levanta del sofá, andando unos pasos nerviosamente con los brazos en la cintura. Toni se levanta también y se pone tras ella.
- Lo siento si te ha molestado, pero, sinceramente, me ha encantado y no estoy arrepentido -dice con una sonrisilla.
Ella se gira y, al ver su cara, no puede evitar sonreir también, todo y que solo dura unos segundos.
- Pero mi novio... -dice ella.
- Tu novio no está y tú misma has dicho antes en la cafetería que no te hace ni puñetero caso. No te preocupes Nerea.
- No lo puedo evitar...
Ambos se quedan callados, ella habla primero.
- Bueno, vamos, que llegarás tarde por mi culpa.
Se ponen las chaquetas y se dirigen al hotel. Como están en pleno invierno, hace ya rato que ha oscurecido y las calles están alumbradas por miles de farolas que da un toque mágico al ambiente.
Durante el camino no mencionan nada respecto al beso de hace unos minutos, pero los dos no dejan de pensar en ello a cada segundo que pasa.
- ¿Quieres subir a la habitación? ¿O prefieres esperarte aquí en recepción? -dice el una vez están los dos en la recepción del hotel.
- Si no te importa mejor subo, es que sino me aburro aquí sola -responde.
- Claro que no me importa, por eso te pregunto, aunque ya te he lo he dicho antes, está un poco desordenada.
- No importa -dice ella restándole importancia.
Ambos se suben al ascensor y esperan impacientes a que el trayecto termine, como la ocasión anterior en el bloque de pisos donde vive Nerea.
Al salir del ascensor él gira hacia la izquierda y ella, como no se conoce aquel sitio, lo sigue perdida.
- Te juro que me pensabas que girarías a la derecha -dice ella.
- ¿Sí? ¿Y eso?
- No sé, siempre que voy a un hotel tengo que tirar hacia el frente o hacia la derecha.
- Siempre hay una primera vez para todo, ¿no?
- Ja, ja -dice ella riendo falsamente aunque, en el fondo, se ha reído de verdad.
Toni se para frente a una puerta y pasa la targeta que la abre. Al pasarla da error, así que lo vuelve a intentar; también le ha dado error. La pasa unas cuatro veces, y las cuatro le dan error.
- Anda trae, que no sabes -dice ella quitándole la targeta de las manos, sonriendo, y pasándola ella. A la primera la puerta puede abrirse.
- Si es que... quien no sabe, no sabe. Me sorprende que hayas podido abrir la puerta las otras veces... -dice ella con una sonrisa traviesa y con aires de superioridad claramente fingidos.
Él la mira de reojo pero no le dice nada, en el fondo le ha hecho gracia.
- ¿Te ayudo en algo? -pregunta ella servicial.
- No, no. No hace falta, pero gracias de todas formas.
- Vale -dice encogiéndose de hombros y sentándose en la única silla que hay en la habitación.
Él empieza a guardar lo poco que tiene dentro de la maleta. Se ha quejado de que lo tenía todo desordenado pero, realmente, no tenía muchas cosas. Mientras él va de un lado al otro de la habitación, ella lo mira atenta, pensando en la suerte que ha tenido de conocerlo.

-10!

sábado, 23 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (20)

Ambos ya han acabado de comer pero se quedan un rato más dentro del establecimiento. La razón principal es porque adentro se está bien y afuera hace frío. Charlan sobre todos los temas posibles, se ríen, se miran, se lo pasan bien. Cualquiera que los viese desde fuera pensaría que son una pareja; realmente lo aparentan.
Son las 17:43h, han estado bastante rato dentro, y deciden irse ya.
- Bueno, guía turística, ¿hacia dónde vamos ahora? -pregunta él poniéndose la chaqueta una vez fuera.
- Pues... -dice ella sacándose el pelo que se le ha quedado dentro de la chaqueta cuando se la ha puesto-, ¿tú a que hora te vas?
- El autobús viene a las ocho al hotel.
- Vale, entonces tenemos dos horas más... ¿Te apetece ir a mi casa? Es que no se donde ir, hace frío.
- Como quieras, vayamos donde vayamos seguro que me lo paso bien -dice mirándola mientras andan.
Ella alza la vista y le sonríe.
- Gracias por el cumplido -dice acercándose más a él para no tener tanto frío.
- ¿Vives muy lejos? -pregunta.
- No mucho, desde aquí estamos a unos diez minutos más o menos.
Él no le responde, se queda pensando en sus cosas. Ella también, y durante unos minutos no hablan.
- Oye -empieza ella-.
Él la mira con unos ojos interrogativos.
- Cuando te vayas, ¿qué pasará?
- ¿A qué te refieres?
- A nosotros. Yo vivo aquí, y tu en Mallorca... ¿No nos veremos más?
- Claro que nos veremos, yo estoy continuamente viajando y podemos vernos cuando sean fiestas o algo.
- Ya, bueno, pero no es lo mismo.
- En verdad es mejor, así cuando nos toque vernos, tendremos más ganas. Quien sabe, a lo mejor de estar viviendo juntos en el mismo sitio acabamos mal...
Ella se queda pensativa.
- No creo... -dice finalmente-, nosotros tenemos algo que nos une.
Él se la queda mirando extrañado. En verdad piensa algo así, pero no se habría atrevido a decirlo, ella habría pensado que estaba loco, pero loco de verdad.
- Bueno, ya hemos llegado -dice ella cambiando de tema rápidamente.
Entran y se suben en el ascensor. Durante esos segundos que pasan dentro de él, no se dicen nada e intentan no mirarse, están como un poco cortados. Cuando el ascensor se para y abre sus puertas, ella sale primero y va hacia la segunda puerta que hay en el camino. Mete la llave y abre la puerta.
- Pasa.
Él le hace caso y entra. Es una casa pequeña pero muy acogedora, le gusta.
- Vives con tus padres, ¿no?
- Sí, sí, pero ellos están trabajando y llegan tarde a casa. Si estuviesen aquí no te hubiese dicho que viniésemos... -dice riendo.
- Lo entiendo -dice él haciendo una media sonrisa.
- Mira este es mi cuarto -dice señalando una de las habitaciones.
- Oh, muy bonita, como tú.
Ella lo mira de reojo.
- Que pelotero que eres...
- Te lo he dicho enserio, desconfiada. Pero vamos, si no quieres que te diga que eres guapa, te digo que eres fea, ¿eh?
- ¡Aaaayyyyy! -dice ella dándole un abrazo.
Él se queda un poco parado, no se lo esperaba, pero se lo devuelve.
Se van al comedor y se sientan en el sofá. Ella le enseña un pequeño álbum de fotos de cuando era pequeña y le explica alguna que otra caída relacionada con alguna fotografía o cualquier otro hecho.
Al rato deciden hacer una bolsa de palomitas, a pesar de haber merendado hace un rato. Empiezan una mini guerra lanzándoselas entre ellos, pero deciden acabar rápido porque sino lo pondrán todo perdido.

-11!

viernes, 22 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (19)

Cuando ella se fija en el grandioso bocadillo que le han traído, vuelve a poner unos ojos como paltos.
- ¿Te vas a comer todo eso?
- Claro que sí, mi estupendo cuerpo puede darse algún que otro caprichito alguna vez -dice en tonto orgulloso.
- Uy, uy, uy... ¡Vaya personaje estás hecho! -dice dándo un pequeño bocado a su magdalena.
- Que, ¿está buena? -pregunta él señalando el alimento.
- No tanto como yo -responde ella riendo a carcajadas.
- ¡Vaya, vaya! Luego me sueltas todo ese rollo de la autoestima alta y no se que cuentos de personajes, ¿eh? ¡Pero tú no te quedas atrás!
- Solo te estaba imitando, que conste -dice bebiendo ahora un trago de su batido-. ¡Auch! -exclama.
- ¿Qué pasa?
- ¡Que me he quemado! Siempre me pasa lo mismo, a todas las cafeterías que voy o se pasan de caliente o lo dejan helado.
- ¡Yo no tengo ese problema! -dice dando un gran bocado al bocata.
Cuando se traga lo que ha mordido, exclama:
- ¡Riquísimo!
Ella vuelve a reir, aunque, de hecho, no ha dejado de reir desde que han entrado.
- Oye -dice Nerea.
- Dime -responde él dándole un sorbo a su bebida gaseosa.
- Que antes, cuando me has preguntado por mi novio, que he estado un poco seria, era porque últimamente discutimos bastante.
- Ah, vaya, lo siento.
- No importa. Al principio estábamos muy bien, pero últimamente no se que pasa que por cualquier cosa chocamos... Ahora apenas me hace caso. Fíjate, tú que me acabas de conocer hoy te has comportado mejor que él, siendo mi novio, en días.
- Si no estás cómoda, ¿por qué no lo dejas?
- No es tan fácil...
Ambos se quedan callados comiéndose sus respectivas comidas.
- Son muchas cosas, ¿sabes? No sé, quizá en el fondo aun sienta algo por él... -dice ella.
Esa respuesta no le ha gustado en absoluto.
- Ah, bueno, lo entiendo -es lo único que consigue decir.
- Bueno, cambiemos de tema, te he dicho esto para que no te quedases con la duda o algo raro, que he visto que te habías quedado un poco extrañado.
- Como quieras -dice él-. Por cierto, ¿cuál es tu color favorito?
Ella enarca una ceja.
- ¿A qué viene eso?
- No sé, como has dicho que mejor cambiar de tema, he hecho esa pregunta, que es la primera que se me ha venido a la mente -dice con una sonrisilla pícara.
- Estás loco, ¿sabes?
- Sí, tampoco eres la primera que me lo dice.
Y así siguen, charlando y conociéndose, compartiendo experiencias y sentimientos, acercándose más el uno al otro.

-12!

jueves, 21 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (18)

Entran en la primera cafetería-panadería que encuentran. Una gran sensación de calor y bienestar los reciben estupendamente, ya que afuera hace mucho frío. Está casi al completo de gente. Un olor a pan recién hecho y a café llena todo el ambiente y eso hace que se les abra un poco más el apetito.
- Qué bien se está aquí dentro -dice ella quitándose la chaqueta.
- Pues sí, lo malo es que a lo mejor no encontramos sitio, hay muchísima gente.
- Mira, ¡allí hay un sitio! -dice señalando una mesa que acaba de desocupar una pareja.
Nerea se adelanta para poder coger el sitio. Llega a tiempo.
- Eres rápida, ¿eh? -dice él quitándose también su chaqueta.
Ella se lo queda mirando de arriba a abajo por un momento.
- ¿Qué pasa? -dice él mirándose también a si mismo para comprobar si tiene algo fuera de lo común.
- No, nada. Es que no me había fijado que te habías puesto el uniforme. Te queda muy bien, ¿sabes? -le responde poniendo la chaqueta en el respaldo de la silla y sentándose.
Él también se sienta mientras le contesta.
- Vaya, muchas gracias, pero... eso ya lo sabía -dice guiñándole un ojo.
Ella pone los ojos en blanco, pero se ríe.
- Tienes una autoestima muy alta, ¿eh? -le dice frotándose las manos para calentarlas, ya que aun las tiene frías.
- No eres la primera persona que me dice eso -dice riendo.
- ¡Y yo creo que no seré la última que te lo diga! -dice soltando una pequeña carcajada.
En ese momento aparece un atractivo camarero con una pequeña libreta y un bolígrafo en la mano.
- Hola, buenas tardes, ¿qué van a tomar?
- Yo una coca-cola bien fría y un bocadillo de jamón.
Ella abre unos ojos como platos.
- ¿Y usted? -le pregunta a ella.
- Yo... Mmm... yo un batido de chocolate caliente y una magdalena.
- Enseguida os lo traigo.
El camarero se va y cuando ya están solos de nuevo, ella empieza a acribillarlo a preguntas.
- ¿¡Cómo es posible que con el frío que hace te pidas una coca-cola!? ¿¡No tienes frío!? Pero, ¿¡estás loco!?
- ¡Eeeeeeh! Esto qué es, ¿un interrogatorio?
- ¡Sí! -exclama ella riendo.
- Bueno, pues intentaré contestar con la mayor precisión posible -dice enderezándose y haciendo ver que es alguien sumamente importante.
- Oh, muchísimas gracias, señor Mayor -dice ella sin dejar de reir ni un solo momento.
- No enserio -dice él-, por mucho frío que haga nunca me verás tomar una bebida caliente.
- ¿Nunca, nunca?
- Nunca, nunca. No lo aguanto.
- ¡Vaya! ¿Ni aunque estemos a -5874 grados bajo cero?
Él la mira con una sonrisa divertida.
- Que exagerada que eres... pero bueno, si ese fuese el caso, tampoco. ¡Bebidas frías for ever!
- Dios... Yo no sería capaz, de hecho, prefiero las bebidas calientes.
El camarero llega justo después de que ella diga esa frase y deja la comida sobre la mesa.


-13!

miércoles, 20 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (17)

Él suelta una carcajada, ella no entiende nada.
- ¿Estás bien? -pregunta preocupada realmente.
- Sí, sí -dice mirándola y riendo.
- ¿Y a qué ha venido ese no?
- A tu pregunta de esta mañana.
Ella se queda pensativa, intentado recordar alguna de las muchas preguntas que le ha hecho que tenga como respuesta un no.
- Te he hecho muchas, no sé a cual te refieres.
- Ay... Pues si no te acuerdas, es que en verdad tampoco quieres saberlo -dice adelatándose y andando calle arriba.
- ¡Eh! -grita ella corriendo para atraparlo-. ¡Qué me has dejado con la curiosidad!
Él ríe.
- Va, no seas malo. ¿A qué pregunta te refieres?
Ella le mira con ojos suplicantes aposta, para que ceda. Finalmente, acaba consiguiéndolo.
- Que mala eres -dice mirándola de reojo.
Ella ríe.
- Me refería a la pregunta de si tenía novia. Tampoco es nada del otro mundo, ¿eh?
- ¡Aaaaaah! -exclama ella.
No lo aparenta, pero cuando se ha enterado de que no tiene novia se ha alegrado muchísimo.
- Y ahora te toca a ti, ¿tienes novio?
Ella se queda callada y la sonrisa que tenía en los labios se le borra. Él se da cuenta.
- ¿He dicho algo malo? -pregunta preocupado.
- No, no -dice ella mirándolo y forzando una sonrisa.
- Entonces...
- Entonces sí, sí que tengo novio.
Esa respuesta le ha caído como un jarro de agua fría justo en ese momento, con el frío que hace. Entre los dos, se hace el silencio mientras caminan.
- Te has quedado muy callado -dice ella.
- Sí, es que me ha sorprendido, la verdad.
- ¿Por qué?
- No lo sé, parecía que no tenías novio.
Ella no dice nada. Él, para que no se note mucho que le ha fastidiado ese hecho, le hace preguntas sobre su relación. Es una completa tontería, porque cuantas más preguntas le hace acerca de su novio, más rabia le da.
- ¿Lleváis mucho?
- Sí, ocho meses.
- Wow, eso es mucho, ¿eh? -dice sonriendo, todo y que por dentro no está tan contento como aparenta.
- Sí...
Él nota que ella no quiere hablar mucho del tema.
- Bueno, son las cinco en punto, ¿vamos a tomarnos algo calentito a algun bar? -pregunta él cambiando de tema.
Ella se ha dado cuenta de que ha cambiado de tema aposta, y se lo agradece desde dentro.
- Vamos -dice sonriéndole y cogiéndose al brazo de él.

-14!

martes, 19 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (16)

"Hola, soy Nerea, aunque supongo que ya te lo habrán dicho. Mira lo siento, he tenido un pronto un poco raro. Me sabe mal que estemos así, a mi me gustaría seguir conociendote y creo que a ti también. Estoy en la puerta del hotel y me gustaría que bajases, si quieres claro."
Arruga el papel y lo tira a la basura. No quiere bajar. Mejor dicho, si quiere, se muere de ganas, pero quiere hacerle creer a Nerea que no.
Se sienta sobre la cama y no deja de pensar. Tiene unas ganas terribles de ver a esa chica atrevida con un punto de timidez, de ver como se quita el pelo con delicadeza de la cara, de volverla a abrazar, de volver a hablar con ella y ver esa fantástica sonrisa que tiene.
Se levanta de la cama nervioso, y sale al balcón. Un frío aire le da de pleno en la cara y se le mete por todo el cuerpo, provocándole un par de escalofríos; le da igual. Se apoya en la barandilla y mira hacia abajo.
Allí está ella, sentada en un banco y cruzada de brazos para calmar un poco el terrible frío que hace.
Se aparta rápidamente de la barandilla para que no le vea. Entra de nuevo a la habitación y se pone la chaqueta: lo tiene decidido. Al fin se ha dado cuenta de que es inútil luchar contra ese sentimiento que empieza a crecer dentro de él.
Deja todo desordenado y baja rápidamente. Mientras está en el ascensor piensa en qué le dirá, qué pasará, como irá todo.
Ya está en la recepción. Desde aquí dentro se ve el exterior y ve claramente como ella se levanta del banco y empieza a caminar, yéndose de este lugar.
Al ver esto, sale corriendo del hotel y va a detenerla.
- ¡Nerea! ¡Espera!
Ella, que ya ha dado varios pasos, se para y gira la cabeza. Lo ve correr hacia su dirección y ella comienza a andar para buscarlo. Cuando lo tiene frente a él, sin pensárselo dos veces le da un abrazo metiéndole las manos por dentro del abrigo para no pasar frío.
- Lo siento... -dice en un susurro.
- No importa -dice él abrazándola y acariciándole el pelo.
Así están unos segundos, sintiendo el calor del otro, oyendo los corazones latir.
- Pensaba que no bajarías -dice ella cuando ya han dejado de abrazarse.
- No iba a bajar, pero te he visto y... -empieza a decir él.
- ¿...y?
- Y tenía ganas de verte.
Ella se queda callada pero, a modo de respuesta, le ofrece una sonrisa.
- No -dice él de pronto sin venir a cuento.
- ¿Qué? -dice ella desconcertada.

-15!

lunes, 18 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (15)

Son las 14:30h. Pedro acaba de parar el coche, han llegado. Cada uno se baja del coche por el lado que le corresponde y Pedro echa la llave.
- Bueno preciosa, estoy dentro, cualquier cosa llámame.
- Gracias Pedro -responde ella.
Pedro se va al interior del bar y ambos se quedan solos. Como ninguno de los dos habla, él decide romper con esta absurda situación.
- Bueno, ¿vamos a ir a algún sitio o nos vamos a quedar aquí cómo tontos?
- Lo de tonto dilo por ti, a mí no me incluyas.
- ¿Y sigues en ese plan? Mira guapa, ahí te quedas, no pienso aguantar más esta tontería. -dice mientras se da media vuelta y se marcha rumbo al hotel.
- Adiós -dice ella entrando al bar.
La verdad es que ha sido un situación muy tonta: por una leve tontería han acabado peleados sin apenas haberse conocido y sin saber a ciencia cierta si se volverán a ver. Aunque a los dos parece no importarles nada y aparentan indiferencia, se sienten mal. Se sienten cercanos, tienen ganas de volver a verse, pero no lo quieren aceptar.
Él ya ha llegado al hotel. Se dirige al restaurante y come allí. Cuando acaba de comer, sube a su habitación y se tumba sobre la cama. Son las 15:30h., aun quedan un par de horas para que el autobús que los va a recoger al hotel llegue y los lleve de vuelta al aeropuerto, así que decide dormir un poco. Desconecta el teléfono porque no tiene ganas de hablar con nadie y, con la imagen del momento en que se han abrazado en el prado, se duerme.
Pasado un rato se despierta sobresaltado por unos fuertes golpes en la puerta de su habitación. Mira la hora y ve que son las 16:38h. Ha pasado poco más de una hora entera. Se levanta y va a abrir la puerta. Cuando la abre se encuentra a un trabajador del hotel frente a sus ojos.
- Hola, buenas tardes. Perdone las molestias, pero alguien ha dejado un mensaje importante para usted.
Él enarca una ceja.
- ¿Quién? -pregunta intrigado.
- El mensaje está a nombre de una tal Nerea.
Nota que se le acelera el pulso.
- Ah, sí, vale, muchas gracias.
El trabajador le entrega el sobre y desaparece. Cierra la puerta y antes de abrir el sobre se cambia de ropa y se pone el uniforme. Va al baño, se peina un poco -más bien repasa su peinado, ya que realmente está bien- y se dirige a abrir el sobre.

-16!

domingo, 17 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (14)

- ¿Qué te pasa? –pregunta preocupado.
- Nada, déjalo –dice mientras se quita un par de lágrimas más con la manga de la chaqueta-. Estoy bien –dice mostrando una triste sonrisa.
- No estás bien, mira como que te has puesto. Hace un momento estabas bien , contenta y de repente, mira.
Ella no dice nada. Un avión pasa por encima de los dos, en lo alto del cielo. Los dos levantan la cabeza y lo observan alejarse. El primero en bajar la cabeza es él.
- Mírame –le dice.
Ella lo hace.
- ¿Por qué llorabas?
- Te lo cuento comiendo, creo que ya va siendo hora, son las… -se sube la manga de la chaqueta y mira su reloj- ¡las dos y cuarto!
Sin dejarle decir nada a él, Nerea saca su móvil del bolsillo del pantalón y llama a Pedro.
- Pedro, cuando quieras puedes venir.
- Ahora mismo –responde al otro lado de la línea telefónica.
Durante el rato que tarda Pedro en ir a buscarlos, se sientan sobre la hierba y se ponen a charlar.
- Por cierto, ese hombre…
- Pedro.
- Sí, eso, Pedro, te conoce, ¿verdad? Lo digo porque antes te ha llamado por tu nombre y parecía tenerte cariño.
- Es mi vecino. Trabajó con mi padre hace muchos años. Ahora ya está jubilado. Su mujer murió por un cáncer hace siete años o así y no tienen hijos. Su única familia somos yo y mis padres. Es un hombre muy bueno…
- Vaya, pobrecillo, no ha tenido mucha suerte que digamos.
- Pues no, su vida ha sido difícil y gracias a nosotros ahora parece que está bastante mejor.
Él no sabe que más decir. Ella se da cuenta y saca otro tema de conversación.
- Y que, ¿tienes novia?
Él la mira enarcando una ceja.

- ¿A qué viene eso?
- Bueno, nos estamos conociendo, ¿no te puedo preguntar?
- Sí, sí que puedes, pero de tantas preguntas que hay que me hayas hecho esa pues me sorprende.
- Bueno, pues no la contestes si no quieres –dice levantándose y chutando una pequeña piedra.
Él se queda sentado y mira hacia otro lado.
- No hay quien te entienda. Primero estás contenta, luego te pones a llorar, luego otra vez estás bien y ahora te enfadas. ¿De dónde narices has salido tú? –pregunta un poco mosqueado por el carácter de Nerea.
- De mi madre, ¿y tú?
- ¿Y encima te me pones chula?
Justo en ese momento se presenta Pedro.
- Ya estoy aquí, subid.
Los dos se ponen en los mismos sitios de antes.
- ¿A dónde os llevo? –pregunta Pedro arrancando el coche.
Nerea mira a Toni. Él no se molesta en girarse, está mirando por la ventana.
- Enfrente del bar donde vas tú siempre –responde finalmente Nerea.
- Hecho –dice Pedro.
Durante todo el trayecto no se dicen ni una palabra, los dos están callados. Pedro ha puesto la radio y tararea algunas de las canciones que salen. No se da cuenta de que las dos personas que lleva detrás están mosqueadas.

-17!