- Perdone, ¿desea algo más?
La chica levanta la vista -que hasta el momento mantenía fija en el bolsillo del asiento delantero- y lo mira directamente a los ojos.
- No, no, gracias. Perdona, no te había escuchado, últimamente estoy en otro mundo.
- No pasa nada. Si necesita cualquier cosa, avíseme a mi o a cualquier otro miembro de la tripulación.
- Gracias -contesta ella seriamente.
Él se aleja pensando que esta chica es un tanto rara.
No ha dado ni tres pasos cuando escucha su nombre.
- ¡Toni!
Él se gira y busca a alguien que lo esté mirando. Todos los pasajeros le están mirando. De repente, siente un poco de inseguridad.
- Yo -dice la chica levantando la mano-.
Él se acerca. Ella se lo queda mirando y le sonríe.
-La próxima vez no me hables de usted, me haces sentir vieja a mis 21 años -dice sonriendo tiernamente.
Él se queda un poco parado, pero le contesta.
- Como quieras... -de golpe se queda callado, no sabe como se llama.
-...Nerea -dice sin dejar de sonreir.
Él le devuelve la sonrisa. De golpe cae en el detalle de que esa chica sabe como se llama.
- Perdona, ¿cómo sabes mi nombre?
Ella suelta una pequeña carcajada.
- Lo pone en tu targeta -dice mientras señala la targeta que tiene puesta en el lado izquierdo del pecho.
Él se queda un poco avergonzado, pero le sonríe para que no se note. Le muestra una sonrisa a modo de despedida, y se aleja. Piensa que como ha podido ser tan tonto, como no ha caído en el detalle de la targeta. Esa chica... no la conoce de nada, pero algo se ha removido dentro de él que le ha hecho sentir inseguridad. Nerea ha conseguido ponerlo nervioso con una tontería enorme.
Decide no pensar más en eso para no ponerse más nervioso y sigue su camino. Esta vez ve a un hombre de unos 45 años que se aferra fuertemente al reposabrazos. Parece que está un poco nervioso.
- Perdone, ¿puedo ayudarlo en algo? -le pregunta.
- Creo que no, mi problema no se puede solucionar con nada. Le tengo pánico a los aviones y no me ha quedado más remedio que coger uno.
Él piensa en la diferencia que hay entre ambos. Al hombre le dan pánico los aviones y, en cambio, a él le fascinan.
- No se preocupe, el avión es el transporte más seguro que usted puede encontrar, no le pasará nada, ya verá.
- Eso espero... -contesta el hombre.
Él se aleja y sigue atendiendo a los pasajeros que le piden cualquier cosa. Con la ayuda de sus compañeros, parece ser que de momento nadie necesita nada más. Se van a la gallery y se ponen a charlar un poco.
[
-26!

No hay comentarios:
Publicar un comentario