domingo, 24 de octubre de 2010

Un sueño hecho realidad. (21)

Sin apenas darse cuenta, el tiempo pasa y pasa hasta llegar a un punto en que se acaba.
- Nerea, son las ocho menos veinticinco, es tarde. Me he dejado todo desordenado en la habitación y debería irme ya para arreglarlo todo y marcharme. Ya sabes, a las ocho en punto el autobús viene a por nosotros.
A Nerea se le entristece la mirada.
- Me lo estaba pasando genial -dice bajando la mirada.
- Yo también -dice él poniendo dos de sus dedos sobre la barbilla de Nerea y levantándole la cabeza un poco para poder mirarla.
Los dos se encuentran sobre el sofá, ella ligeramente apoyada sobre él. Los dos se quedan callados y, sin saber como, sucede. Él se acerca lentamente al rostro de Nerea, le levanta un poco más la cabeza con una delicadeza exquisita y la besa. Ella cierra los ojos y se deja llevar, sintiendo cosas que hacía tiempo no sentía. El tiempo parecía haberse parado, la gente parecía haberse esfumado y todo cuanto les rodeaba parecía no existir. Solo ellos. Toni y Nerea.
Pero, como si de una pesadilla se tratase, Nerea se aparta rápidamente y se levanta del sofá, andando unos pasos nerviosamente con los brazos en la cintura. Toni se levanta también y se pone tras ella.
- Lo siento si te ha molestado, pero, sinceramente, me ha encantado y no estoy arrepentido -dice con una sonrisilla.
Ella se gira y, al ver su cara, no puede evitar sonreir también, todo y que solo dura unos segundos.
- Pero mi novio... -dice ella.
- Tu novio no está y tú misma has dicho antes en la cafetería que no te hace ni puñetero caso. No te preocupes Nerea.
- No lo puedo evitar...
Ambos se quedan callados, ella habla primero.
- Bueno, vamos, que llegarás tarde por mi culpa.
Se ponen las chaquetas y se dirigen al hotel. Como están en pleno invierno, hace ya rato que ha oscurecido y las calles están alumbradas por miles de farolas que da un toque mágico al ambiente.
Durante el camino no mencionan nada respecto al beso de hace unos minutos, pero los dos no dejan de pensar en ello a cada segundo que pasa.
- ¿Quieres subir a la habitación? ¿O prefieres esperarte aquí en recepción? -dice el una vez están los dos en la recepción del hotel.
- Si no te importa mejor subo, es que sino me aburro aquí sola -responde.
- Claro que no me importa, por eso te pregunto, aunque ya te he lo he dicho antes, está un poco desordenada.
- No importa -dice ella restándole importancia.
Ambos se suben al ascensor y esperan impacientes a que el trayecto termine, como la ocasión anterior en el bloque de pisos donde vive Nerea.
Al salir del ascensor él gira hacia la izquierda y ella, como no se conoce aquel sitio, lo sigue perdida.
- Te juro que me pensabas que girarías a la derecha -dice ella.
- ¿Sí? ¿Y eso?
- No sé, siempre que voy a un hotel tengo que tirar hacia el frente o hacia la derecha.
- Siempre hay una primera vez para todo, ¿no?
- Ja, ja -dice ella riendo falsamente aunque, en el fondo, se ha reído de verdad.
Toni se para frente a una puerta y pasa la targeta que la abre. Al pasarla da error, así que lo vuelve a intentar; también le ha dado error. La pasa unas cuatro veces, y las cuatro le dan error.
- Anda trae, que no sabes -dice ella quitándole la targeta de las manos, sonriendo, y pasándola ella. A la primera la puerta puede abrirse.
- Si es que... quien no sabe, no sabe. Me sorprende que hayas podido abrir la puerta las otras veces... -dice ella con una sonrisa traviesa y con aires de superioridad claramente fingidos.
Él la mira de reojo pero no le dice nada, en el fondo le ha hecho gracia.
- ¿Te ayudo en algo? -pregunta ella servicial.
- No, no. No hace falta, pero gracias de todas formas.
- Vale -dice encogiéndose de hombros y sentándose en la única silla que hay en la habitación.
Él empieza a guardar lo poco que tiene dentro de la maleta. Se ha quejado de que lo tenía todo desordenado pero, realmente, no tenía muchas cosas. Mientras él va de un lado al otro de la habitación, ella lo mira atenta, pensando en la suerte que ha tenido de conocerlo.

-10!

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