Está dentro de la gallery. Coge dos botellines de agua y los pone encima de un carrito que está allí dentro. Coge uno de ellos y lo abre. Desde hace rato tiene pensado que es lo que va a hacer, pero ahora que lo va a hacer de verdad no las tiene todas consigo. ¿Y si se dan cuenta? ¿Y si lo descubren? Entonces, se acuerda de la manera en que el hombre y la mujer se han puesto hace minutos con él y se le quitan toda clase de remordimientos. Piensa que es un tanto asqueroso, pero le da igual. Acerca el botellín a su boca y le escupe un poco de su saliva dentro, luego lo cierra, lo agita fuertemente y lo vuelve a cerrar. Coge el otro botellín y repite la misma operación. Cuando ya ha acabado, inspira profundamente y con una sonrisa malvada sale de la gallery dirigiéndose a los dos maleducados de antes.
- Bueno, aquí tienen su agua -coge uno de los botellines y lo abre.Esto no lo ha hecho por ser educado, como todos piensan, sino para que no se note que los botellines ya se han abierto antes. Le da el primer botellín a la señora y el segundo al hombre.
- ¿Está buena el agua o quieren otra cosa? -pregunta ocultando una sonrisa que finalmente sale en su rostro.
Los dos saborean bien el agua y finalmente la mujer habla.- Sí, está riquísima, lo único que vale la pena de este avión.
- Sí, tienes razón -afirma el hombre, bebiendo otro gran trago.
Bien, no se han dado cuenta, todo ha salido a pedir de boca. Él mismo reconoce que lo que ha hecho es asqueroso, pero ambos se lo tenían merecido.
Coge el carrito y sigue atendiento a otra gente que, al verlo, le felicitan diciéndole lo bien que ha estado.
Se acuerda de Nerea: cuando la llame le contará lo sucedido, seguro que le hace gracia.
Media hora después, más o menos, el comandante informa que están a punto de aterrizar y ruega que todos se sienten en sus sitios y se abrochen los cinturones. Los azafatos comprueban que estas normas se cumplan y después se las aplican a ellos mismos.
El avión empieza a descender a gran velocidad y, cuando las ruedas tocan suelo, se vuelven a producir unos botes smilares a los del despegue. Ríe solo cuando se acuerda del momento del agua, cuando han dicho que estaba buenísima. No le ha contado a nadie lo que ha hecho por seguridad pero la verdad es que se muere de ganas.
Cuando el avión ya está parado y no hay nada que impida que los pasajeros bajen, se abren las puertas y bajan de él. Los dos que ha montado todo el follón antes son de los primeros en bajar, empujando a la gente y sin saludar a los trabajadores. La mayoría de los que van en el avión piensan que mejor, que se larguen ya, así ya no harán más jaleo.
Cuando todo está recogido, los trabajadores también bajan. Él coge su móvil como esta mañana pero con la diferencia de que ahora no va a llamar a su madre, sino a Nerea.
-4!

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