- ¡Toni! -exclama Nerea al otro lado de la línea teléfonica-. ¿Qué tal el viaje?
Él suspira.
- No te imaginas lo que ha pasado.
- ¿Problemas? -pregunta preocupada de golpe.
- Más o menos, pero tranquila que estoy bien.
- Ah vale, por un momento me he asustado.- No, no, tranquila, ya te contaré -dice tranquilizándola.
- Aún estás en el aeropuerto, ¿verdad?
- Sí, acabo de bajar del avión ahora mismo. Eres la primera persona a la que llamo, deberías de estar orgullosa, ¿eh? -bromea él.
- Sí, sí, ¡y lo estoy! ¿No ves que alegría? ¡La primera, qué bien! -dice fingiendo una alegría desmesurada pero, en el fondo, siendo feliz de verdad.
- Oye lo siento pero es que llego cansado y aun tengo que ir a ver a mi madre. ¿Hablamos luego?
- Sí, sí, no te preocupes. Luego te llamo o me llamas y me cuentas. ¡Un besazo!
- Igualmente feísima.
Y esta vez cuelga él primero. Esta mañana ha sido ella y ahora él se ha tomado la revancha.Va hacia su coche. Cuando lo encuentra abre con el mando a distancia y se mete en el interior, no sin antes haber guardado la maleta en el maletero. Cuando está dentro, cierra la puerta y se acomoda en el asiento. Cierra un momento los ojos y se relaja. Es de noche, bastante tarde. Abre los ojos, mira por el gran cristal delantero del coche que tiene frente a sus ojos y observa las lucecitas de los aviones que aterrizan y despegan; es una visión increíble, almenos desde su punto de vista. Decide marcharse ya a su casa, está muy cansado. Arranca el coche y se pone rumbo a su hogar. Por el camino va cambiando la radio de vez en cuando, intentando encontrar alguna canción que le guste.
"... y tú y yo en esta noria, retratos de una noche, en los fotomatones. Y sin dudar te sigo hasta el metro, tribunal hasta al aeropuerto, para ver tumbaos en el suelo, despegar un avión en el cielo. Y sin dudar tú me plantas un beso, quema gas huele a queroseno, qué más da yo respiro tu aliento, dame más razones con hielo, bipolar..."En cuanto ha escuchado esta canción se ha acordado de Nerea, de cuando han estado observando el aeropuerto de lejos. Nerea, esa chica tan peculiar, tan única. Nerea; le encanta. Le encanta su nombre, le encanta el mechón de pelo que se ha apartado de la cara varias veces, le encanta el beso robado que le ha dado y le encanta ella.
Entre canciones de distintas emisoras y entre pensamiento y pensamiento ya ha llegado a su casa. Son las doce y veinte pasadas de la noche y no hay nadie en la calle, excepto un hombre mayor solitario que pasea a su perro. Conforme va avanzando y se va acercando a él, se da cuenta de que es su vecino. Lo saluda.
- Buenas noches -dice educadamente.
- Gracias hombre, igualmente. ¿Bien el primer día de trabajo?
- Sí, sí, perfecto. Gracias por preguntar.
- No hay de qué. Ahora a descansar, ¿no?
- Pues sí, que ya toca.
Se despiden con un simple gesto y el hombre sigue caminando mientras él entra dentro del portal.
-3!

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