29 de Octubre de 2010;
‹‹- Mira, yo me encuentro a dos imbéciles y vamos los tiro con los asientos y todo -dice él riendo.
- Te encontrarás a gente así, ¿y tú qué harás? Callarte, no podrás hacer nada -dice la chica con la que habla, también con una sonrisa, segura de lo que está diciendo.
- A mi me dice que el problema somos nostros y que soy un incompetente y le digo: vamos a ver, los únicos icompetentes aquí sois vosotros por mostrar vuestra mala educación -hace una pausa, no sabe como continuar-. Es que bien hablado no me salen las palabras, yo lo diría de otra manera...
Y después de decir esta frase se vuelve a reir imaginando la situación si le llegase a pasar, ya que perdería los papeles, está convencido. Su amiga ríe también, ya que sabe perfectamente a lo que se refiere.
- Te callarías, te lo aseguro, no querrías perder tu trabajo, ¿o sí?
- Me callo al principio pero si me empiezan a decir gilipollas o cualquier otra cosa así yo no me callo, y lo sabes.
- Lo sé, lo sé.
- Luego me llamarían de la compañía: "¿Sí? Hola, sí, soy yo. ¿¡Despedido!? ¿¡Por qué!? ¡Me cago en la leche!"
Y los dos vuelven a reir.››
Al recordar esta anéctoda ha comprendido que lo que aquel día era una simple broma entre amigos, le está pasando realmente ahora.
- Bueno, a ver, no debería faltarle el respeto a mi compañera. De hecho, no se lo debería faltar a nadie, por empezar -dice él conteniéndose demasiado.
- ¡Ja, ja, ja! -ríe falsamente y a gritos la señora-. Por favor, ¿tú quién te crees para decirnos a nosotros lo que tenemos o no que hacer, eh?
- Pues mire, alguien con más educación que ustedes dos -responde.
El señor se levanta del asiento y se le encara.
- Mira niñato, vete a tu puñetera casa y deja de creerte superior. Que sepas que te va a llegar a casa una denuncia que te vas a cagar. No vas a pisar un avión en lo que te queda de vida.
- ¿Me estás amenazando? -dice él con tranquilidad.
Todo y que aparenta estar tranquilo y sereno no deja de contenerse a cada momento.
Sí, Ana tenía razón.
Mira a los ojos a aquel hombre y continúa hablando. - Lo digo más que nada porque todo el avión está siendo testigo de lo que está pasando y no sé si ustedes llegarían a ganar en caso de que hubiese juicio, ¿eh? Yo me lo pensaría -dice él de forma orgullosa, cosa que hace cabrear más al señor.
A causa de lo mal que lo ha dejado se le ponen los mofletes rojos y, mirando a todo el avión con cara de asco, decide sentarse y dejar el tema por su propia dignidad, ya que está haciendo el ridículo.
Cuando parece que el ambiente ya no está tan tenso, la mujer vuelve a abrir la boca.
- Perdona, tú -dice señalando a Toni despectivamente.
- Tengo nombre -dice señalándo su placa.
- Sí, como te llames, me da igual, tráenos el agua, ¿no? Ese es tú trabajo.
Si no estuviera en el avión trabajando ya les habría dicho cuatro cosas bien dichas e incluso la cosa podría haber acabado muy mal, pero como está en su puesto de trabajo decide callarse.
Se le acaba de ocurrir una cosa.
- Sí, claro, ahora mismo les traigo el agüita -"de las narices", piensa en su interior.
Y, con paso decidido, va a por dos botellines de agua a la gallery.
-5!

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