Parece ser que todos los pasajeros han entrado ya, pero a última hora entra un hombre respirando rápidamente con claros signos de cansancio debido a haber corrido bastante para llegar a tiempo. Cual es la sorpresa de ambos, que cuando se miran a las caras descubren que se conocen. Es el señor que en el vuelo que ha realizado por la mañana decía tener pánico a los aviones y estaba realmente asustado.
- Hombre, parece que el destino quiere mantenernos juntos, ¿eh? -dice el hombre recuperando la respiración y sentándose en su asiento.
- Eso parece, eso parece -dice Toni con una sonrisa.
Después de que todos estén en sus sitios y nada más lo impida, todos los azafatos y azafatas siguen el ritual de siempre e indican las instrucciones de seguridad. Cuando acaban, comprueban de nuevo que todos los pasajeros tengan el cinturón correctamente abrochado y se van a sus sitios; esperando a que el avión despegue.Los motores hace ya un rato que se han puesto en marcha y el avión empieza a moverse. El comandante pide permiso para entrar en pista y despegar y lo aprueban. El avión coge velocidad rápidamente y unos pequeños botes sacuden todo el avión, haciendo que todos los que van en el interior de la gran máquina voladora se muevan al mismo tiempo.
Ya está, han empezado a elevarse y van ligeramente inclinados; ahora solo toca esperar el momento en el que el comandante indique que se pueden desabrochar los cinturones. Luz apagada, se pueden levantar. Azafatos y azafatas se ponen al servicio de los pasajeros y éstos últimos piden cualquier cosa que necesiten. Todo va bien pero, al parecer, siempre tiene que pasar algo que tuerza las cosas.
-7!
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